DAVID GARRIDO
Si el arte lo desproveemos de elucubraciones gratuitas, filosofías de pocos vuelos y especulaciones grandilocuentes, ¿qué es lo que queda Ni más ni menos que la impresión que ejerce en el espectador, en este caso el oyente de la obra de música, y ello a pesar de que también se esfuercen en entretenerlo con ilusiones visuales o cualquier otra ocurrencia que se le quiera añadir a la partitura o, mejor dicho, que es como gusta decir, el «performance» para la ocasión.
Era mucha la expectación que rodeó a la velada de clausura del XXIII Festival de Música de Alicante, al menos el boca a boca sugería una experiencia musical interesantísima acompañada deÉ Claro, sorpresa. Acostumbrados a que todo lo con nombre anglosajón nos fascine, «Optical Identity», el título de la propuesta, obra, «performance», o más directamente bodrio, fue acogido con interés, aunque nadie a ciencia cierta -imaginamos que los organizadores del evento sí- sabía la suerte de espectáculo que la velada nos iba a deparar.
Ya metidos en materia, consiguientes advertencias de desconectar los móviles e inicio del concierto hechas, con esa sugerente musiquilla a que nos tiene acostumbrado el Principal, vino la oscuridad, unas luces y un cuarteto de cuerda luciendo moda malaya fustigando las cuerdas sin cuartel. Vaya, no de sopetón, que los compases de la partitura de Kevin Volans «White Man Sleeps» invitaron a dejarse caer en brazos de Morfeo. Y es que traduciendo el título, efectivamente «el hombre blanco duerme», vaya si durmió. No sabemos si algún africano o asiático presente también lo hizo, pero los bostezos se convirtieron en parte de la juerga que nos deparó los de T'ang Quartet de Singapur sin solución de continuidad hasta el final. Quien pudo abandonó la sala, afortunado él, pero muchos naufragaron en ella, que siempre se impone el respeto y hastaÉ Vaya, aplaudieron. El espectáculo, organizado por la compañía escocesa Theatre Cryptic, que aportó la parte digital -que también la hubo- y escenográfica, se construyó sobre obras del citado Volans, Rolf Tallin, Franghiz Ali-Zadeh y Joby Talbot.
Algo falló, o la calidad de las obras no era la adecuada o la interpretación dejó mucho que desear, eso sí metieron una zurra a las cuerdas de padre muy señor mío.