RICARDO RODRÍGUEZ
E
stamos asistiendo a un momento histórico». Tan solemne frase, pronunciada por el gerente de la Fundación Bancaja, Miguel Ángel Utrillas, sirve para resumir la llegada a Valencia de los 14 murales de las «Visiones de España» que el valenciano Joaquín Sorolla pintó para la Hispanic Society de Nueva York, y que por primera vez en 85 años han abandonado la ciudad de los rascacielos para recalar en Valencia, donde quedarán expuestos a partir del 7 de noviembre en el Centro Cultural de la entidad bancaria, que tras desembolsar dos millones de euros se ha garantizado la cesión de los cuadros para los próximos dos años. Diversos retrasos, motivados por problemas técnicos en el aeropuerto JFK de Nueva York, propiciaron que la llegada del Boeing 747 que transportaba las obras no apareciese por Manises hasta cerca de la una del mediodía, entre una tremenda expectación, y tras siete horas de viaje a través del Atlántico. A partir de ahí, comenzó un laborioso proceso de transporte, bajo la atenta mirada de la Guardia Civil y con la supervisión de un centenar de personas, que han participado en un traslado histórico. Poco a poco, las decenas de cajas que contienen los cuadros, entre los que se encuentra uno dedicado a Elche («Elche, el Palmeral»);, fueron bajando del avión y se trasladaron a los camiones encargados de transportarlas hasta la Plaza de Tetuán. A la salida del aeropuerto, un equipo coordinado de Guardia Civil, Policía Nacional y Policía Local, se encargó de escoltar la valiosa carga, asegurada en cien millones de euros pero con un valor incalculable. Como señala Utrillas, «no se trata de un problema de precio, sino de la imposibilidad de crear algo similar, algo único».
El convoy atravesaba poco después la ciudad, para llegar al destino último, y comenzar de nuevo el proceso, en este caso para lograr introducir en el edificio Bancaja los diversos embalajes. Una tarea nada fácil, en la que se necesitó la ayuda de una grúa y de varios operarios de la empresa especializada que se ha encargado del transporte. La mayor dificultad: mover cajas de más de tres metros de anchura y de varios centenares de kilos de peso, y con una carga delicada como pocas. Una carga que ha viajado protegida por diversos sistemas encargados de mantener la temperatura y la humedad en niveles estables: 20 grados y un 50% de humedad relativa. Las condiciones idóneas para mantener en perfecto estado los lienzos, que también han sido protegidos con un sistema para evitar ataques de insectos durante el viaje. A media tarde, la sede del Centro Cultural Bancaja registraba toda la actividad posible. La mayoría de las cajas se introdujeron por una de las puertas posteriores, pero las más grandes tuvieron que ser dirigidas a través de las ventanas del edificio.
Un día de espera
Ahora, los cuadros esperan, todavía dentro de sus embalajes, a que pase el período de aclimatación necesario en este tipo de traslados. Según el comisario de la exposición, Felipe Garín, «es posible que deban pasar más de 24 horas hasta que las cajas puedan ser abiertas, pero el montaje no se prevé difícil, porque vienen en perfectas condiciones».