EFE
El artista mexicano escogió ese mismo cuadro y otros seis de la "Etapa Negra" de Picasso, precedente a la cubista propiamente dicha, y les sobrepuso elementos típicos de la cultura popular mexicana y de su misma personalidad.
Las modelos son las "vedettes" de los cabarés mexicanos, y los colores predominantes, el amarillo, rojo y verde brillante, que "tropicalizan" al Picasso original, como explicó a Efe Álvarez Morán.
La selección, según declaró él mismo, se basó en la fecha de realización, contemporánea a la de las "señoritas de Avignon", y en su propio gusto estético, y se limitó al número siete, que recorre en su vida como un elemento mágico.
"De ahí, empiezo a buscar en mi material fotográfico fotos con poses aproximadas a la de la figura del cuadro original y hago una sobreexposición, tratando de guardar una lógica" que permita al espectador ver las dos cosas con claridad, señaló.
El pintor subrayó que, al preparar la tela, respeta rigurosamente la composición y el tamaño de los Picasso, porque precisamente a través de esas dimensiones también se expresó la "intención erótica" del genio español, que creó "figuras humanas muy aproximadas al tamaño natural" y cuadros "muy carnales".
"Siempre he tenido un gran respeto para la obra de Picasso -aclaró- y a cien años de las 'señoritas' pensé retomar su arte, como él mismo hizo mucho, cuando trabajó sobre Ingres, Delacroix o Velázquez".
En la rueda de prensa, Ulises Culebro, otro dibujante y pintor mexicano, subrayó la importancia de que ese mestizaje cultural se celebre en Madrid, "esa fusión entre el genio del malagueño universal y la visión mexicana, que es siempre muy atrevida".
La serie de pinturas fue presentada el año pasado en la ciudad de Cholula, en el estado de Puebla.
La exposición se quedará en el Círculo de Bellas Artes hasta la próxima semana, cuando será trasladada a la Fundación Alianza Hispánica, también en Madrid, antes de volver a México.