EFE
"Strauss es parte de la historia del teatro y por ello decidimos abrir la temporada de nuestro sesenta aniversario con la opereta de nuestro primer telón", explicó el intendente de la Kosmische Oper y responsable de la puesta en escena estrenada hoy, Andreas Homoki.
"Estamos de aniversario y las melodías de Fledermaus, asociadas como ninguna al champán y al Año Nuevo, con sabor a polka y a vals, es nuestra forma de brindar por los 60 años futuros. Por la Komische Oper", exclamó el realizador en un brindis tras el estreno.
El público, salvo algunos abucheos, respondió con largos aplausos y bravos a su puesta en escena, que, según explicó Homoki, no aporta nada novedoso porque "fuimos intencionadamente fieles al libreto, de Richard Genée, y a la música burlesca que compuso Strauss".
"Todo lo que ocurre en la trama de esta opereta cómica es actual, porque en todos, incluso los que no se han visto obligados a esconder al amante en un armario, hemos vivido en alguna ocasión situaciones incómodas hasta el ridículo", señaló el realizador.
Explicó que por ello se decidió preservar la esencia y la forma de la obra, con todo lo que puede resultar cercano, sin saltos de tiempo, vestuario o elementos de distracción.
El escenario es los tres actos es el mismo, un salón burgués de finales del siglo XIX repleto de muebles de madera noble y oscura, metáfora, según Homoki, de la estrechez de miras de la sociedad vienesa de la época y la doble moral de la burguesía.
En ese salón se fragua la revancha del "fledermaus" (murciélago);, contra el notario Falke, allí recibe Rosalinde a su antiguo amante, entre los muebles de estilo se celebra el vals del supuesto príncipe ruso y, resuelta la trama, se celebra con champán la burla.
Todos los cantantes de la producción fueron aclamados por el público, especialmente las sopranos Gun-Brit Barkmin, en el papel de Rosalinda, y Natalie Karl, en el de doncella.
Günter Pependell, como notario, y Martin Winkler, como director de prisión, vivieron igualmente una noche de triunfo; como el conjunto del coro, dirigido por Robert Heimann y la "ensemble" de la Komische Oper, cada vez más consolidada en la oferta operística berlinesa.
Además de la experiencia en la interpretación de Strauss, todos los solistas demostraron una excelente desenvoltura en escena, dando así una credibilidad poco común a los personajes.
La orquesta, dirigida por Markus Kuttler, uno de los jóvenes directores alemanes más reconocidos del momento, recibió igualmente la ovación unánime del público y supo mantener el equilibrio entre la partitura cantada y el derroche de melodía que es el Fledermaus, una de las operetas más populares y brillantes de Strauss.