MARC LLORENTE
Manuel Carrasco, uno de los ganadores de «Operación triunfo» en 2002, cambió la brocha gorda por el micrófono y tiene en su haber tres álbumes, uno de ellos es «Tercera parada» y contiene 14 temas compuestos por este joven de 26 años. De él, entre otras canciones, se nutre la vigorosa y romántica actuación del onubense de Isla Cristina. Aspira a pasarlo muy bien en los conciertos. Y los disfruta con mucha sal. Quiere que los jóvenes pasen también una buena noche. Y el personal se divierte. Para las chicas es un guaperas que transmite emociones cotidianas. Baila, la gente salta y se deja llevar por el pop-rock impregnado de aires flamencos o por las melodías del cantante con clara raíz andaluza. Entona «Busco por las calles», asegura que «Me sabe a poco» e intenta averiguar con «Dime qué te pasa». Canta una «Mujer extraña» y las enamora con «Me acostumbré a quererte». El mar siempre acompaña a Manu Carrasco como testigo de sus vivencias propias o ajenas, de esas historias cantadas que buscan complicidad. Ha gozado de la simpatía del público desde que dio sus primeros pasos musicales en la «academia» de la tele. Bebe sentimientos y los deja beber. Las fans los comparten en baladas como «Cariño, espérame» o «Y ahora», primer single y el segundo del álbum por el que ha obtenido un Disco de Oro. Manuel Carrasco está vendiendo mucho en este mundillo musical en el que siempre es más fácil llegar que mantenerse. Lo da todo en el escenario y posee una voz que nos recuerda al acento andaluz de Alejandro Sanz. La banda le atiza con solvencia a la batería o a las guitarras, buscando una riqueza de sonidos que eleve la temperatura, cosa que podemos advertir, además, en «Quiéreme» o «En el bar de los pesares». «Lo bello de mirarte» y «Déjame que sea» están interpretadas de forma intimista. Ahí es donde Lolo Carrasco consigue su mejor nivel artístico.