N.G.R.
Alejandro Sanz se mostró tal y como es, sin tapujos, sin arreglos, un artista. Hubo momentos para que el cantante acariciara su dulce guitarra y deleitara a los presentes al lucir sus raíces gaditanas con suma gracia. Oleadas de coros y apoyo de sus más fieles seguidoras alicantinas demostraron, una vez más, el apoyo que profesan al artista, cuando, en un arrebato de espontaneidad, Sanz se apoderó del piano para recordar a una vieja amiga, la popular «¿Lo ves » procedente de su tercer trabajo. Con los ánimos caldeados y las manos arriba, Sanz se crecía para darlo todo.
Cuatro videoclips sirvieron de telón de fondo para amenizar las populares «El tren de los momentos», «Cuando nadie me ve», «Donde covergemos», «Enséñame tus manos». Los montajes se proyectaron en pantallas gigantes que facilitaron que ninguno de los asistentes perdiera detalle del espectáculo, calificado por el propio Sanz de «vanguardista». La noche alicantina, esta vez sin aglomeraciones a la salida gracias a que se habilitó una nueva puerta por la que el público pudo abandonar el recinto con fluidez, se rindió a los pies de uno de los cantantes que más ha mirado de frente al amor y ha sabido jugar con la fuerza del corazón.
Cuando el espectáculo marcaba sus primeros acordes, los músicos que acompañan al artista en esta gira fueron presentados, uno a uno, ante los ensordecedores aplausos de los asistentes. La noche había resultado un éxito, sería que Sanz, tal y como comentó ayer a este periódico, no se quitó los amuletos que, desde que comenzó su gira, las fans le han ido regalando y que él custodia para que le den suerte.
Baladas íntimas y personales, canciones pegadizas como «Te lo agradezco» y la garra en estado puro de melodías como «Mi soledad y yo», demostraron que este artista, pese a la dura crisis de estrés sufrida y por la que se vió obligado a aplazar su gira, sigue «pisando fuerte».