EL JUKEBOX | JORGE FAURÓ
En 1982, España se da cuenta de que en Madrid pasa algo cinco años después del estallido real de lo que se conoce como La Movida (palabra maldita de la que reniegan sus protagonistas);. Los músicos de la época, veinteañeros a quienes les falta aptitud pero les sobra actitud, rompen un grupo para enrolarse en otro, cuando no militan en varios a la vez. Eduardo Benavente, el batería de los Pegamoides, representa el lado más oscuro de la nueva ola que comienza ese año a dar signos de rigor mortis. Junto al bajista del grupo de Alaska, Nacho Canut (Dinarama, Fangoria);, un hermano de éste y Jaime Urrutia (Gabinete Caligari); se montan un grupo paralelo. Los chicos y chicas que ahora se pasean por el Barrio de Alicante vestidos de negro y con la apariencia de la familia Munster no lo saben, pero están rindiendo culto a Parálisis. Tras grabar dos singles para la historia («Autosuficiencia« y «Quiero ser santa»); y con Jaime ya concentrado sólo en sus Caligari, Benavente graba «El Acto». Si alguien opina que es imposible masturbarse con la portada de un disco (en el 82 estaban Intervi" y poco más);, la foto de García Alix abrió un mundo entero de fantasías. Dentro del álbum, chaperos, partidas de cartas en el cementerio, bizarre y bondage antes de que lo popularizara internet, versiones de Bowie e Iggy Pop, lujuria y unas guitarras que asustan. Sólo faltaba un exorcismo. Dicho y hecho: Benavente murió un año después y La Movida tuvo su mártir. El álbum de la década.