EFE
Su pijama, su quimono de kárate, la Biblia que reposaba sobre su mesita de noche el día de su muerte o una carta manuscrita para el ex presidente estadounidense Richard Nixon son algunas de las joyas que recoge esta muestra, junto con decenas de imágenes captadas por Ed Bonja, responsable de documentar los conciertos de la estrella.
Bonja acudió hoy a la exposición organizada por el hotel Ellington de la capital alemana, que estará abierta hasta el 1 de septiembre, y caracterizó al Rey como alguien con "los pies sobre la tierra" pero a quien "le encantaba la cámara e inventaba poses y gestos para cautivarla".
Las instantáneas, que repasan los mejores momentos de los recitales de Elvis durante los años setenta, concluyen abruptamente en su gira del año 1975, dos años antes de su muerte.
"Cuando iba a empezar la gira de 1976 me di cuenta de que había ganado peso y decidí que así no quería fotografiarlo. Le dije que esperaría a que adelgazara un poco y aceptó. Pero nunca tuve esa oportunidad y no hay fotografías oficiales de su última gira antes de morir. Sólo las de los fans", explicó.
Con una minuciosidad sólo apta para fanáticos, la muestra presenta artículos tan insólitos como un par de gafas de sol doradas, con la correspondiente factura de 52,5 dólares pagada por Elvis, o la primera firma del Rey de la que se tiene constancia, la que estampó en el registro de la biblioteca de su Tupelo natal.
El 18 de noviembre de 1947, el pequeño Elvis tomó prestada la obra "Cuentos de hadas ingleses", de Flora Annie Steel, e incluso ese amarillento pedazo de papel ha sido elevado a la categoría de objeto de culto por sus millones de seguidores.
Una de las curiosidades de "El tesoro del Rey" es la carta manuscrita que Elvis hizo llegar al presidente Richard Nixon y en la que expresaba su intención de convertirse en agente federal para contribuir en la lucha contra la drogadicción.
"Querido señor presidente, permítame que me presente. Soy Elvis Presley y le admiro y respeto mucho". Así comienza la misiva, escrita en 1970, en pleno vuelo hacia Washington, en folios con el membrete de la compañía American Airlines.
El texto concluye con Elvis indicando al ex presidente cómo dar con él en el hotel Washington, habitación 505-506, en el que se había registrado con el nombre de John Burrow.
La muestra aglutina en una sola exhibición distintos aspectos de la vida del Rey, desde su pasión por el deporte, con sus raquetas de tenis, a su afición a adquirir y regalar artículos de joyería, como anillos, broches, pulseras, relojes o gemelos de oro.
Las decenas de fotografías de Bonja que cubren las paredes de la exposición presentan a un Elvis en todo su esplendor, sudoroso, brillante, carismático y entregado a su público durante sus conciertos a lo largo de Estados Unidos.
El fotógrafo, que conoció al Rey a través de su representante, "el Coronel" Tony Parker, sostiene que fue su carisma lo que atraía a sus legiones de admiradores.
"El público enloquecía con su mera presencia. Cuando se encendían las luces del escenario, incluso antes de que él apareciera en escena, se desataba la histeria", explicó Ed Bonja.
La muestra deja constancia de la faceta cinematográfica con ejemplares de algunos de sus guiones y de su lado más personal, con juguetes e imágenes de su hija Lisa Marie, las llaves de su automóvil Stutz Blackhawk o de su bálsamo labial con sabor a cereza.
Su particular sentido de la moda es otro aspecto destacado de la exhibición, que presenta desde reproducciones de algunos de sus trajes más llamativos a sus pijamas o su ropa de calle.
Otros personajes famosos contemporáneos de Elvis también tienen su hueco en la exposición, como los artistas Carl Perkins, Johnny Cash, Jerry Lee Lewis o John Lennon, de quien se destaca su frase: "Antes de Elvis no había nada".