GUILLERMINA PERALES
El dibujo es una de las primeras manifestaciones por las que el ser humano entendió la transmisión de ideas y conceptos, una de las primeras actuaciones inteligentes ante la necesidad de dar información sobre el exterior. A lo largo de los siglos, el dibujo es el arma del creador plástico, es la armadura del cuadro y de la escultura, por supuesto, y de manera formal, de la arquitectura. La manera en que la mano del artista interpreta, traza signos y líneas en el papel es lo que forma parte de la estructura de la forma, la que la define, la que la interpreta para si mismo y para los demás. Sin embargo, no existe, no existió una sola manera de ver y analizar la realidad, sino que desde el primer momento se dieron distintos desarrollos del dibujo. Desde una idea más dependiente de la realidad hasta otra que la sintetizaba en unas pocas líneas, que definían acciones o tipos de escritura, ¿acaso no es la escritura la representación gráfica de la palabra hablada Hablamos y traducimos el lenguaje en texto que nos hace inolvidable el pasado, dibujamos y esas imágenes se convierten en nuestra memoria visual. La imagen de Dios, la muerte, el lenguaje de los símbolos de los que se nutre nuestro conocimiento, define épocas y lugares, sociedades, en fin la historia. El dibujo es diseño en el sentido de aclarar la forma y la función de un objeto. De formalizar una idea que será la obra que vayamos a construir: su definición, su estudio previo y su forma definitiva.
Pero el dibujo ha cambiado mucho a lo largo de la historia, muchas veces sujeto a rígidas normas que lo convertían en modelos para la representación de imágenes. El poder ejercía una influencia predominante, creando lo que podríamos llamar el canon.
De eso va la exposición de Bancaja. De una época del dibujo y de su representación más característica. De cómo diferentes autores han interpretado y creado nuevas formas de ver y expresar diferentes ideas. En esta exposición se ven claramente los intersticios del dibujo a través de los siglos XV al XIX. Una imaginería que va desde la bíblica a la mitológica para llegar, con Goya, a la visión más irónica de una sociedad y sus prototipos, donde lo popular da lugar a la pérdida de la rigidez del canon, lo que da paso a otras interpretaciones. El concepto de dibujo se abre a una visión más amplia, más mundana, a una globalización hoy evidente: las escenas reales, las imaginadas, las soñadas, el sexo, lo religioso, lo banal, lo sublime, todo tiene su registro.
¿Pero qué ocurre hoy con el dibujo Una exposición como ésta aburre a una mayoría, ya que es muy difícil entender su mensaje. El virtuosismo de estas imágenes puede dejar indiferente a un espectador actual. El poder del dibujo de antaño hoy nos resulta demasiado complejo y falto del espectáculo que capte nuestra atención. Se prefiere el gran cartel, la imagen fotográfica de realismo evidente, o lo sintético del logotipo de la imagen de marca. Una muestra del proceso de creación del dibujo de Shrek nos hablaría más del conocimiento técnico y expresivo que define nuestro tiempo. Y seguramente tendría más éxito, sobre todo, si se nos muestra la relación entre los dibujos de Goya y, por ejemplo, la concepción del dibujo de Matt Groening, el creador de los Simpsons. Comparación que no vendría mal para acercar al público al entendimiento y el disfrute del dibujo, de la conexión que se da entre todo tipo de dibujo en todas las épocas; de la influencia, en la actualidad, de la imagen del pop, de las nuevas tecnologías para definir un concepto, aunque se parta siempre del esbozo en lápiz.
La exposición que nos ocupa contiene piezas de un indudable valor, suficientes para justificar su visión detenida. Pero está dirigida más al experto que al desconocimiento del espectador medio. Se agradece esta iniciativa de respeto al espectador, tratando de dar a conocer los resortes de nuestra cultura. Pero traten de buscar los vínculos con el momento actual.