S
i alguien nos visita este verano, julio, agosto y septiembre, se encontrará las tres salas de arte más importantes de la ciudad copadas por artistas valencianos o muestras organizadas desde Valencia. ¿Qué pasa con el arte que se hace en Alicante
En la Lonja expone
Manuel Boix
, ya son tres veces, en la ciudad, desde el 94; uno de los representantes de la pintura valenciana de los años sesenta. Se dio a conocer con el Grupo Realidad, que, junto con el Equipo Crónica, surgió con una figuración pop de tintes sociales, una respuesta crítica e irónica al régimen franquista. Con el tiempo, estas experiencias de arte colectivo se disolvieron, y Boix siguió su andadura con una obra muy relacionada con la ilustración y referenciada en una figuración un tanto caduca, en la que la Academia valenciana más tradicional ha argumentado su visión del arte. Una figuración «mediterránea» con un estilo virtuoso que se reconoce en la copia del natural. Tendencia seguida por varias generaciones de artistas, con excepciones como
Iturralde
, o nuestro
Eusebio
Sempere
que desarrolló un lenguaje personal y una visión más comprometida con el arte de su tiempo.
En el ámbito de la ilustración, Boix ha podido realizar una gran experimentación gráfica, gracias al apoyo de la Generalitat y otras instituciones públicas, con más de doscientos trabajos encargados, esencialmente carteles e ilustración de libros. Esto le ha permitido plantear una diversidad de propuestas plásticas y una iconografía, en la recreación de nuestra historia como pueblo: nuestras tradiciones, literatura, nuestros personajes célebres y nuestras fiestas han quedado definidas por un realismo mágico con toques surrealistas y una figuración de estereotipo renacentista.
Boix, en todas sus manifestaciones, es fundamentalmente un ilustrador, se basa en las formas de esta tradición, repitiendo de manera sistemática los mismos recursos. Sus imágenes no impactan por una incuestionable necesidad plástica. Resuelve con un barroquismo muy efectista, donde todo se permite, todo queda bien, las sugerencias a lo irreal, la fantasía desbordante de detalles, cada hilo de la tela, pluma de pájaro, pétalo o pistilo está tratado con minuciosidad de microscopio, que crea una dispersión en la atención y la definición de la imagen. Una profusión de efectos que atrapa por su aparente dificultad técnica, como si de un trabajo de orfebrería se tratara. No existe la justeza de una necesidad compositiva. No hay decisiones que indiquen que es éste y no otro elemento el que define la imagen de manera precisa.
Prácticamente la historia reciente de la ilustración gráfica en nuestra Comunidad viene marcada por la experimentación de este único autor, lo que ha provocado la escasa repercusión de la obra gráfica de otros artistas, que igualmente podrían haber desarrollado, pero no tuvieron esta misma oportunidad ofrecida por la Generalitat.
¿Tiene sentido traer estas obras a Alicante Aparte de la impresión que nos causa ver tal cantidad de trabajo y su evidente experimentación gráfica. Esta muestra, en su gran mayoría de carteles, ha desplazado a la mayor exposición que se ha organizado de Eusebio Sempere, un artista alicantino de talla internacional, este sí, fundamental para entender el arte en la España de la segunda mitad del siglo XX. Nos preguntamos cómo es posible que se den estas circunstancias y cuáles pueden ser los motivos, tan importantes, para que se produzcan incoherencias como estas. Alicante se merece conocer a sus propios artistas y estar representada por ellos, sobre todo, en la época en que recibe la mayor afluencia de público de todas las partes del mundo. La exposición de Sempere era lo suficientemente extensa y compleja como para estar los tres meses de verano. Pero no, es sustituido por los carteles de Manuel Boix.
Este y otros ejemplos denotan la falta de un proyecto cultural coherente a nivel de la Comunidad Valenciana, que trate a todos los artistas por igual, incluidos los de Alicante. Estamos hartos de que con nuestro dinero se subvencionen las propuestas orientadas a promocionar únicamente a artistas de Valencia, exposiciones, al parecer, incuestionables, que excluyen a nuestros artistas, en este desprecio sistemático por la cultura que se hace desde Alicante. Más que humillación, estamos indignados de ver cómo desde Valencia tratan la cultura como un márquetin para su única promoción.