29 de julio de 2017
29.07.2017
Nutricionista, autor de Adelgázame, miénteme  

Juan Revenga: «Ninguna dieta merece respeto alguno»

El divulgador de éxito con su blog Con las manos en la mesa pone énfasis en saber hacer la compra

30.07.2017 | 00:37
Juan Revenga.

Curtido como policía municipal de Pamplona, retomó la carrera de Biología que había abandonado para convertirse en dietista-nutricionista. Juan Revenga (1969) publica ahora Adelgázame, miénteme con el firme propósito policial de desvelar «toda la verdad sobre la obesidad y la industria del adelgazamiento».

Defensor a ultranza de la alimentación saludable, echa por tierra los seductores mensajes de las dietas milagro al tiempo que reclama una educación que nos enseñe desde pequeños a comprar en el mercado y a cocinar correctamente, una asignatura pendiente en un país donde cada verano nos bombardean con propuestas de regímenes infalibles para mejorar nuestro físico. «Hacer dieta es un factor de riesgo para padecer obesidad», advierte en una entrevista con Epipress tras participar en un foro en Madrid centrado en la recuperación de los sabores de las comidas tradicionales que con tanto amor nos preparan nuestras abuelas.

Adelgáceme, pero por favor no me mienta...
No hagas dieta jamás. Si te pones a régimen, a la larga ganarás peso. Hacer dieta es un factor de riesgo para padecer obesidad.

¿Qué recomienda usted a quien prefiere estar delgado a tener una buena salud? ¿Se puede considerar enfermos a los obesos?
Los obesos no son necesariamente enfermos. Hay obesos metabólicamente sanos. El culto al cuerpo sí que se está sacando de madre.

¿Adónde quiere ir a parar con esa historia futurista del personaje Mesura y los robots que relata en su último libro?
Es una metáfora con la que critico nuestro afán por buscar soluciones rápidas a todo. Nuestra mente busca los placeres y la comida es uno de ellos. Todas las dietas funcionan con ratones de laboratorio porque no celebran cumpleaños, ni tienen supermercados ni vida social. Adelgazan porque comen menos pero eso no vale con los humanos. Lo que tenemos que hacer es aprender a comprar para comer bien.

¿Cuál de las dietas milagrosas con las que nos bombardean a diario le merece a usted un mínimo respeto?
Ninguna.

¿En qué sentido es usted de la vieja escuela?
Me he apartado de ciertos postulados de la vieja escuela en la que me formé. Hasta el punto de que pongo en tela de juicio mucho de los enunciados que me han enseñado y siguen enseñando.

¿Qué tipo de postulados ha desmontado usted?
Sobre todo el del que el balance calórico-energético es la clave para controlar el peso.

¿Es que no es así?
No. La clave está en dotar a las personas de herramientas para que sepan hacer bien el carro de la compra.

¿Hay muchos alimentos malos?
No hay alimentos buenos ni malos. Hay una perversa, dañina y perjudicial industria publicitaria y de marketing que nos mete por los ojos ciertos alimentos. Y eso lo hacen sobre todo las industrias de los refrescos, de los procesados y de cualquier tipo de alimento que no se vende en un mercado tradicional.

Hábleme de las características de la alimentación variada que suele contener la dieta tradicional a la que usted añade el calificativo de «saludable».
Reniego de la dieta variada. Ese mensaje tenía sentido hace cien años cuando el catálogo de alimentos de nuestras abuelas era de un centenar de productos para elaborar una minuta semanal. Ahora tenemos casi 30.000 y hacer una nutrición variada sobre esos 30.000 alimentos es un error. La variedad es sana cuando se refiere a ese centenar de productos con los que nos daban de comer nuestras abuelas.

Se queja de que cocinamos menos que antes y que cocinamos peor. ¿Cómo influye esa dejadez en nuestra alimentación?
Influye muchísimo. La gente que dedica tiempo a la cocina tiene hábitos alimenticios más saludables. Es curioso que en la escuela nos enseñen ecuaciones diferenciales que nunca empleamos y no nos instruyan para saber comprar y cocinar, algo que es vital para nuestro desarrollo y que hacemos todos los días.

¿Debo estudiar a fondo los macronutrientes para comer bien?
No. Ni gramos, ni macronutrientes, ni kilocalorías. Hay que hablar de alimentos. La gente no pide en el mercado 500 miligramos de vitamina C, compra kilo y medio de naranjas.

¿Cómo he de combinar los alimentos en mi alimentación?
Yo me remito siempre al plato de la alimentación saludable de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard: el plato de Harvard.

¿Qué hay en ese plato?
La mitad de tu alimentación tiene que ser de origen vegetal fresco: frutas, verduras y hortalizas, un cuarto debe proceder de cereales integrales y otro cuarto, de proteínas saludables que están en las carnes magras, legumbres, huevos, pescados y frutos secos.

¿Qué pasa con los lácteos?
Los lácteos se deben tomar con moderación, no más de dos raciones al día.

¿Y los zumos?
Los zumos no sustituyen a la fruta. Frutas, sí, zumos, no.

¿Tiene alguna justificación el consumo moderado de alcohol o hay que privarse hasta de una copa de vino en las comidas?
Lo que no se puede hacer es decir que el consumo moderado de alcohol es bueno para la salud. Los minúsculos y posibles beneficios de esa copa de vino no son nada frente a sus seguros perjuicios. Por salud, mejor no tomar esa copa.

Legumbres, verduras y frutas de temporada. ¿Son los alimentos más recomendables?
Si son de temporada, sí. También la carne y el pescado pero en la proporción del plato de Harvard.

¿Me aconsejaría usted hacerme vegetariana?
No. Es una opción respetable hacerse vegano pero hay que tomar suplementos de vitamina B12. Se puede tener un buen patrón de alimentación saludable con una dieta omnívora. También se puede ser un vegetariano muy malo. Una coca cola con un donuts y patatas fritas es vegano pero no saludable.

¿Debo beber la llamada agua hexagonal que tras ser batida reordena la estructura molecular y hay quien dice que resulta muy valiosa para la salud?
Solo si tienes cursos de levitación y asistes a seminarios de telepatía con dragones. Eso no sirve para nada.

¿Es peligrosa la vigorexia?
Sí, pero es un palabro, no una enfermedad reconocida. Es peligrosa y absurda. Es un trastorno de la conducta alimentaria.

¿Por qué estamos tan desinformarnos en materia de alimentación, un asunto capital para nuestras vidas, y sobre el que los medios nos bombardean de forma tan permanente como contradictoria?
La razón fundamental es que el amarillismo nutricional nos gusta. Nos mola oír cosas absurdas y que nos ofrezcan soluciones mágicas, fáciles y rápidas aunque sepamos que no van a funcionar.

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