14 de junio de 2017
14.06.2017

El alteano que expuso con Picasso

La Fundación Frax inaugura el viernes la mayor retrospectiva dedicada al artista alicantino Juan Navarro Ramón con más de 120 obras

15.06.2017 | 05:29

El Museo Reina Sofía, la Biblioteca Nacional, el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid o el Museo Nacional de Arte de Cataluña cuentan con obra suya, pero no todo el mundo conoce con detalle la figura y la pintura del artista alicantino Juan Navarro Ramón (Altea, 1903-Sitges, 1989), quizá el alteano más universal, a quien el Gobierno de la II República invitó a participar con una obra (Te vengaremos) en el pabellón español de la Exposición Internacional de París de 1937, donde se exhibió el Guernica de Picasso hace 80 años.

La Fundación Frax de Alfaz del Pi dedica ahora una exposición al pintor modernista Navarro Ramón, la mayor retrospectiva tras su fallecimiento que reúne más de 12 obras, en su mayoría óleos, pero también obra gráfica, esmaltes y pequeñas esculturas de este artista internacional poco reivindicado en la provincia y que la fundación considera «injustamente olvidado».

La muestra, titulada El lenguaje de los colores pretende reparar ese agravio y se inaugura el viernes con la presencia del sobrino del pintor, Javier Barrio Navarro, y su esposa María Amparo Vázquez. La familia ha sido la que ha aportado mayor cantidad de obras, pero también hay fondos de la Diputación de Alicante y del Instituto Gil-Albert, del Ayuntamiento de Altea y de coleccionistas particulares.

La pieza que Navarro Ramón expuso en París junto al Guernica y otras obras –como La fuente de Mercurio de Calder, El segador de Joan Miró o La Monserrat de Julio González– se encuentra en el Museo Nacional de Arte de Cataluña y la Fundación está en contacto con dicho museo por si hay posibilidad de mostrarla durante la permanencia de la exposición, que finaliza el 17 de septiembre.

No obstante, la comisaria de la muestra, Esperanza Durán, indica que «la exposición es espectacular y muy representativa de la pintura de Navarro Ramón, que transmite coherencia y sencillez a lo largo de todo su recorrido artístico». Dividida por décadas desde los años 20 hasta los años 80, Durán apunta que en el itinerario se puede ver la evolución de este artista, uno de los grandes que fue capaz de impregnarse de todas las vanguardias artísticas y desarrollar una pintura «muy personal y creativa y sobresaliente».

La obra del artista alteano recorre desde el noucentisme catalán, el surrealismo , el realismo mágico, el cubismo, el fauvismo, el puntillismo y el simplicismo.

Desde niño interesado por el dibujo y las matemáticas, Navarro Ramón se inició en la Escuela de San Carlos de Valencia donde se relaciona con algunos condiscípulos como Josep Renau o Genaro Lahuerta; vivió en Madrid, donde frecuentó la Academia de Bellas Artes de San Fernando y en 1928 se traslada a Barcelona, donde conoció a su mujer, musa y modelo, Josefa Fisac.

En 1934 visita por primera vez París y comienza una etapa de creación artística de intento de «liberación de prejuicios» tras pasar de una pintura figurativa, fundamentalmente de mujeres, a representar objetos de gran pureza y síntesis, el simplicismo en estado puro.

Tras su exilio en Francia, en 1941 regresa a Barcelona, cuando el artista irá cada vez más lejos y atravesará barreras. «Las mujeres no le abandonarán nunca en sus cuadros y es el momento de sus mujeres solitarias, abstraídas e inmersas en sus pensamientos, de línea curva y sin aristas», apunta la comisaria, que añade que «no hay drama, pero se percibe un halo de misterio. Una contención dominada de técnica, color y forma».

A finales de los años 40 abandona el dibujo para centrarse en la mancha de color y en la flotabilidad de las formas, que encerrará dentro de arabescos, a modo de burbujas. En los 50, Navarro viaja con frecuencia a París –conoce a los integrantes del segundo grupo de L'École de Paris (Colmeiro, Bores o Cossío, entre otros)– es más surrealista y en los 60 ya es abstracción pura, cosmicismo, con sus típicos arabescos», señala Esperanza Durán.

Navarro viajó y realizó exposiciones también en Argentina, Alemania y Bélgica. Tras Londres, Madrid, Barcelona, Baleares o la Costa Azul, a partir de 1979 fijó su residencia en Sitges. Pero siempre reflejó su espíritu mediterráneo: «Ese fondo lo llevo en el pensamiento forjado de tal forma desde que pinté en la costa de Altea, que sería capaz de reproducirlo infinitas veces».

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