03 de noviembre de 2016
Plaza de la iglesia

Un remanso de paz en Altea

La Plaza de la Iglesia es el centro neurálgico del casco antiguo de la localidad, declarado BIC en 1983

03.11.2016 | 17:43
La plaza de la Iglesia de Altea es uno de los lugares más bellos y que más turismo atraen de la Marina Baixa.

Es el lugar donde se celebran los acontecimientos más importantes del municipio.

La Plaza de la Iglesia es el centro neurálgico del casco antiguo de la actual Altea, cuya Carta Puebla se le otorgó el 11 de enero de 1617. Aunque los primeros pobladores se remontan a la Prehistoria, por las pinturas rupestres halladas en la «Cova del Frare», en la Sierra Bernia, y la primera Altea (la actual Altea la Vella) se erigió en la falda de la sierra, donde hubo un asentamiento íbero entre los siglos V y IV antes de Cristo, y posteriormente fue uno de los castillos importantes del rey Jaime I «El Conquistador» tras arrebatárselo al caudillo árabe Al-Azraq, una vez firmado el Tratado de Almizra en 1244.

La Plaza de la Iglesia ha sido testigo de los grandes cambios que ha sufrido Altea en estos últimos 400 años y es lugar de visita obligada y espacio donde se celebran la mayoría de los acontecimientos importantes de la población, desde las embajadas y alardos de las fiestas de Moros y Cristianos a las procesiones de Semana Santa, de las fiestas del Cristo y San Juan, y del Corpus; sin olvidar los actos sociales como bodas, bautizos y comuniones, la fiesta ancestral de L'Arbret de Sant Joan, la celebración de la llegada del Año Nuevo, los acontecimientos culturales como la Mostra d'Artesanía que comenzó en 1983, o el divertimento en la variada oferta de bares de copas y restaurantes que la rodean.

Ubicada en lo más alto de una colina desde la que se vislumbra gran parte de la comarca de la Marina Baixa, forma parte importante del baluarte y el recinto amurallado renacentista que el 7 de junio de 2013 fue declarado por el Consell de la Generalitat Valenciana como Bien de Interés Cultural en la categoría de Conjunto Histórico, dado que conserva casi en su integridad los lienzos de las murallas y los edificios interiores al recinto mantienen la misma trama histórica de su fundación, así como la actual iglesia parroquial Virgen del Consuelo que se construyó entre 1901 y 1910 sobre la iglesia erigida originalmente hace 400 años.

El recinto de la plaza ha cambiado en este tiempo. En un principio era más pequeña, e incluso estaba dividida en dos partes. Cuando se construyó el baluarte, el castillo ocupaba gran parte de la plaza actual, y junto al mismo se erigía la iglesia. Los edificios formaban parte del fuerte defensivo y se accedía al mismo por la calle Mayor y la calle San José. La de San Miguel, que actualmente es por donde salen los vehículos, y entran los peatones desde la calle Alcoy y el Palau Altea, no tenía acceso. Este se abrió a mediados de la década de los 50 del siglo pasado.

En la plaza se ubicaba el Ayuntamiento junto a la Casa Abadía. Esta permanece, y aquel se trasladó con el devenir de los años a la actual plaza de Francesc Martínez y Martínez (debajo de la calle santa Bárbara), para pasar posteriormente a finales del siglo XIX a la parte baja del pueblo, en el antiguo Convento de Franciscanos hoy derruido, y ubicarse definitivamente en su emplazamiento actual a principios de los años 60 del siglo pasado.

La iglesia parroquial de Nuestra Señora del Consuelo es la que da nombre a la plaza, y así ha sido llamada desde siempre por los alteanos, aunque entre el final de la Guerra Civil y principios de los años 80 se le denominó oficialmente con el nombre de Calvo Sotelo. La plaza tiene salida a un mirador desde el que se vislumbran toda la bahía, los imponentes rascacielos de Benidorm, y el Puig Campana. Pero no siempre ha sido así.

En el recinto que ocupa el mirador había un depósito de agua que se construyó en 1946 para suministrar a las fuentes públicas y al «poble de baix», en el raval marinero. El depósito se utilizó en los 80 como «castillo» de las fiestas de Moros y Cristianos y permaneció activo hasta principios de los 90, cuando construyeron otro depósito de mayor capacidad en la partida Les Rotes, encima de la actual Facultad de Bellas Artes, y se aprovechó para abrir el mirador que actualmente es visitado, junto a la plaza, por miles de turistas que aumentan año tras año atraídos por la oferta gastronómica, cultural y lúdica de un espacio donde se respira tranquilidad, tanto en invierno como en verano.

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