De la belleza a la pesadilla

La selenofobia (fobia a la luna llena) o la aurorafobia (a las auroras boreales) son algunas de las fobias meteorológicas más comunes

31.10.2016 | 13:28

El cambio de estación, las horas de luz o la ausencia del sol son los responsables del llamado trastorno afectivo estacional, que afecta al 15 por ciento de la población, pero también hay individuos que manifiestan pánico o terror hacia ciertos fenómenos atmosféricos.

Son las conocidas como fobias meteorológicas, algunas relacionadas con acontecimientos admirados por su belleza por la mayoría de las personas, como la luna llena (selenofobia), el amanecer (eosofobia) o las auroras boreales (aurorafobia).

En una entrevista con Efe, Mar Gómez, meteoróloga de Eltiempo.es, ha explicado que los trastornos psicológicos "no entienden de si algo es más o menos bello y lo que para algunos es muy llamativo a otros les inquieta hasta el punto de provocar ansiedad".

Este miedo o fobia "tiene normalmente una motivación, una raíz", ha señalado Mar Gómez, que recomienda a quien lo padezca ponerse en manos de profesionales, "nunca enfrentarse solo a este tipo de trastorno".

De acuerdo con diferentes estudios de psicólogos y terapeutas consultados por Eltiempo.es, las fobias van asociadas normalmente a episodios de alteración o taquicardias; "todo comienza con sudoración o palpitaciones, aunque a medida que la persona se expone al fenómeno los síntomas se incrementan y pueden ser peligrosos".

Mar Gómez ha matizado que este tipo de trastornos no son muy conocidos, debido a que las fobias y los miedos "se suelen llevar en secreto", por lo que el porcentaje de población afectado "podría ser mucho mayor" de lo que se piensa.

Más popular es la "meteorosensibilidad" o trastorno afectivo estacional, relacionado con los cambios de estación, las horas de luz o la mayor o menor presencia del sol, y que afecta al humor o al estado de ánimo de un 15 por ciento de la población, según los expertos.

También los fenómenos meteorológicos son los responsables de ciertas patologías físicas, como los dolores articulares, musculares, migrañas o cambios en la presión arterial.

Las fobias meteorológicas podrían ser hereditarias, pero también pueden estar motivadas por algún tipo de trauma, ha explicado Mar, "por algún episodio traumático en la vida de la persona que, por alguna razón, la asocie con la lluvia, el sol o las tormentas".

Algunas de ellas, además, suelen ocurrir en edades tempranas, alrededor de los cinco años, como el miedo a la luna llena, los relámpagos, la lluvia o las tormentas, por su relación con la oscuridad o las películas de terror.

El trastorno más común es la astrafobia o miedo a los truenos, los relámpagos, los rayos y las tormentas, aunque en países más expuestos a los huracanes o los tornados un porcentaje elevado de personas desarrollan la llamada lilapsofobia.

Menos extendidos son la pluviofobia o miedo a la lluvia, la nefofobia o terror a las nubes, la anemofobia o miedo a las corrientes o al viento fuerte y la criofobia, que provoca pánico a las escarchas, a las heladas y a sentir frío, lo que obliga a quienes lo padecen "a abrigarse más de lo normal".

La aurorafobia, relacionada con el terror a las auroras boreales, es un miedo "comprensible", ha matizado Mar Gómez, porque antiguamente se desconocía su origen, y el miedo al sol o heliofobia llega a provocar una "preocupante" falta de vitamina D en las personas que lo padecen.

Por último, ha destacado la quionofobia o miedo a la nieve, muy relacionada con el miedo al frío y que se manifiesta no sólo al tocar o sentir la nieve, también al ver caer los copos.

Para tratar todas estas patologías existe la llamada terapia cognitiva, ha explicado la meteoróloga, consistente en que el paciente recibe toda la información posible acerca del fenómeno concreto "hasta que lo identifica como algo inofensivo y entiende su fobia como algo irracional".

Y dentro de este mismo tratamiento, la llamada terapia de exposición gradual trata de acercar al paciente de forma progresiva al fenómeno para que pueda controlar poco a poco sus miedos y temores.

"Una persona que tiene fobia a la luna no puede enfrentarse de pronto a una luna llena o una súper luna, sino ir saliendo poco a poco por la noche acompañada de un profesional", ha insistido.

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