Elena Jiménez en la Casa Bardín

05.10.2016 | 00:53
Elena Jiménez en la Casa Bardín

Es complicado, injusto, realizar la crítica de una obra sin considerar el espacio expositivo y las condiciones de su instalación y percepción. Sin duda, el ciclo Arte en la Casa Bardín es en la actualidad la mejor selección de artistas contemporáneos que podemos ver en Alicante. Una selección que surge de una Comisión Asesora, integrada por artistas, críticos, gestores?y en la que comprobamos que uno de los criterios de selección es dar cabida a la gran diversidad que hoy se da en el arte. Por lo que, si además tenemos en cuenta que es el único ciclo dotado de un presupuesto mínimo para poder desarrollar un proyecto expositivo en condiciones, no entendemos por qué no se ubica en un espacio expositivo en el que el artista pueda desarrollar todo su potencial. Como viene siendo habitual en cada nueva exposición del ciclo, ante la muchas interferencias en el espacio expositivo, el artista ha de tomar varias decisiones que se concretan en las mismas soluciones: obra de formato pequeño, en la sala de conferencias y recepción, compitiendo con la mesa, micros, sillas, ventanas, publicidad de la casa, con el expositor de las publicaciones?. Y solo en la sala de arriba, compitiendo con la moqueta y los techos bajos, el/la artista intenta un resultado más investigador.

Este ciclo incluye la edición de un catálogo. Animamos a la casa a que invierta en esta edición de catálogos de artista, si puede ser, con mayor profundidad, pues es lo que le da entidad como institución cultural, cuya fundación se cimenta en el estudio y promoción del arte, incluyendo a los autores alicantinos, a falta de una cátedra de Historia de Arte en nuestra Universidad.

Podríamos definir el trabajo de Elena Jiménez como la constante búsqueda del caos. Esta artista lleva años, antes y después de su experiencia en Nueva York, planteándose la transgresión de la imagen con otras imágenes, en un juego que se ha convertido en una exploración del caos y que solo se detiene en el momento en el que encuentra su orden. La cuatricromía funciona como elemento fundamental en la creación de la forma y el color, en la veladura de la imagen, en esa confluencia que produce el hecho plástico que le interesa a la artista. Experta en grabado y en sus diferentes técnicas, procesos, materiales, su trabajo se basa en la investigación constante, añadiendo en las diferentes intervenciones nuevos elementos, interferencias, invasiones que producen su particular iconografía. Una suma que prolonga para crear un orden nuevo, dentro de ese caos, pues el caos en sí mismo no es nada.

La búsqueda del volumen o al menos la representación ocupacional del espacio mediante paneles es otra de las variaciones que le hemos visto a la artista, siempre en ese juego articulado para reclamar del espectador el reconocimiento, a veces complejo, de las imágenes que forman parte de nuestra tradición pictórica: Velázquez, Goya, etc.

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