Una alicantina en el corazón del ballet

Mariela Rodríguez, de Benidorm, trabaja en el Teatro del Hermitage en San Petersburgo, uno de las escenarios más importantes y prestigiosos del mundo, donde acumula ya más de 170 actuaciones

15.08.2016 | 08:03

De madre rusa y padre cubano, Mariela Rodríguez es de Benidorm. Allí cursó sus estudios de primaria y secundaria (colegio Puig Campana y el IES L'Almadrava) incluyendo sus inicios (en el Conservatorio municipal de Benidorm) donde en la actualidad, después de mucha sangre, sudor y lágrimas, ocupa un puesto privilegiado en el corazón del ballet.

De hecho, Mariela Rodríguez forma parte del Ballet del Teatro del Hermitage de San Petersburgo, uno de los escenarios más prestigiosos del mundo y donde acumula ya más de 170 actuaciones. Una impresionante carrera (está entre las únicas españolas que ha pisado y trabajado en este imponente «reino del ballet») después de su paso por compañías como la del Teatro de Tchaikovsky o el Bolshoi Drama Theater, el Mikhailovsky o el Alexandrinsky.

Rodríguez, que se remonta al principio de su historia, narra una sucesión de escuelas y formaciones que asombran por su edad. Una tabla de disciplinas y sacrificios que tumbarían al bailarín más experimentado. Por eso, la artista de Benidorm viajó a Madrid para seguir perfeccionando la técnica; de ahí a Valencia, con el deseo de continuar progresando; dando el salto internacional con compañías que ya le brindaban una oportunidad.

«Fue entonces cuando participé en el Concurso de Danza de Tarragona, en el 2015, y me dieron el primer premio. Se trataba de una beca para entrar en una compañía de Barcelona, En Face, de William Castro, un reconocido bailarín del Ballet Nacional de Cuba», explica Mariela sobre este paso decisivo que representó un empujón para su carrera.

Pero había más. Porque entonces apareció la ocasión de viajar a Rusia, la tierra natal de su madre. Ella quería cuidar de sus padres, muy mayores, y Mariela Rodríguez, de paso de estar con su familia más cercana, se involucró de lleno en la perfección del arte del ballet. «Renuncié a una vida de calidad, en Benidorm y Valencia, por el ballet. Porque mi sueño era ingresar en la escuela del ballet ruso», matiza, al tiempo que agrega: «Estoy absolutamente en contra de la política rusa. Y tanto es así que he renunciado a mi nacionalidad rusa».

En el tiempo de un año, Mariela Rodríguez ha bailado, como un cisne, sobre las aguas del gran Teatro del Hermitage de San Petersburgo. Un camino hasta el objetivo arduo y difícil, complejo, no exento de múltiples obstáculos ante una férrea competencia.

«En muy poco tiempo, he aprendido aquí más que en todos mis años en España. El Hermitage es la mejor escuela que se puede tener. Uno de los principales problemas en España son los conservatorios porque, según su región, tienen su propio programa educativo. Y aquí, en cambio, no. Todos siguen un mismo patrón. El nivel es alto y muy bueno. Todos mis profesores son graduados de la escuela Vaganova, discípulos de la bailarina Dudinskaya. Todos sus conocimientos nos los transmiten sobre el teatro, no dejas de aprender siempre cosas nuevas. Al principio me costó mucho trabajo. Tienes que aprender rápido», comenta.

Como ejemplo, un dato: en dos semanas, Mariela Rodríguez se aprendió de memoria los pasos de El lago de los cisnes (obra de Tchaikovsky, todo un clásico, pero de duración considerable). Una rapidez que se explica por la variedad de espectáculos que están obligados a realizar los bailarines. «Al mes, en julio, podemos tener 24 funciones; y en agosto, no menos de 29. Y para hacerte una idea, en otros sitios, puedes tener como mucho 10 funciones», asegura.

Desde entonces, Mariela Rodríguez, es un torbellino del ballet clásico. Y siempre en constante formación, como cuando paró por la escuela de Kiev del artista Valery Vladimirovich Mikhailovksy, referente absoluto de este campo cultural. Ahí fue cuando se animó para probar con el Saint-Petersburg Theater Tchaikovsky. Y después, el Hermitage, la que es su casa desde hace muchos meses.

«El Hermitage está siempre llenísimo, sobre todo en época estival, hay muchos espectadores, y en época navideña. En época navideña hay más rusos, y en verano muchos más turistas. Aquí viene gente de la realeza, políticos y magnates que se quieren hacer fotos con nosotras», explica Mariela Rodríguez, que habla ruso, inglés, francés, español e italiano, y con un sueño próximo y muy cercano: fundar su propia escuela.

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