China celebró ayer la edición más polémica de su mayor festival de carne de perro, el de la ciudad meridional de Yulin, con una fuerte presencia policial y mediática en medio de las crecientes protestas a nivel local e internacional para poner fin a esta tradición.

Los vendedores y restaurantes ocultaban en días previos la palabra «perro» de los carteles que les identificaban y desde primera hora de ayer numerosos agentes de uniforme y de paisano se paseaban por el mercado que vende la carne de los canes.

El ambiente era tenso en Yulin. Sus habitantes y los ciudadanos que se desplazaron de otras partes de China mostraban su desacuerdo con la presencia de periodistas y defensores de los animales, y defendían su derecho a celebrar esta tradición mientras impedían el trabajo de los reporteros.

Diversos grupos de activistas se acercaron al mercado donde los perros se hacinan en pequeñas jaulas para liberar a algunos de ellos, pagando de 500 a 700 yuanes (de 70 a 95 euros) por animal a los comerciantes.

A pesar de las disputas, no se produjo ningún altercado, y los asistentes al festival pudieron celebrar una vez más el solsticio de verano comiendo carne de perro, movidos por la creencia de que ayuda a combatir el calor estival y es beneficioso para el cuerpo.

Entre 2.000 y 4.000 perros serán sacrificados, tradicionalmente apaleados con barras de metal, entre ayer y hoy, si bien cientos han sido matados de forma previa, por lo que la cifra total es mucho mayor, según confirmaron desde Humane Society International (HSI), uno de los grupos líderes en la lucha contra el comercio de estos animales en China.

Los activistas no sólo denuncian la práctica de comer carne de perro, sino también el maltrato al que son sometidos, la mayoría mascotas robadas o perros callejeros.