Periodista, autor de «Big Data y el Internet de las cosas» 

Mario Tascón: «Los datos son el nuevo petróleo»

«Solo con los metadatos de una persona puedes llegar a saber todo de ella, somos muy inocentes aún», avisa

31.05.2016 | 00:25
Mario Tascón.

El buen manejo de las gigantescas bases de datos que circulan por la red, el nuevo petróleo, es la clave del periodismo del futuro, según Mario Tascón (Ponferrada, 1962), periodista experto en Internet que estuvo al frente de las ediciones online de los principales diarios nacionales

Tascón está decidido a no bajarse de la ola digital que ha pillado a ciudadanos, empresas y administraciones con el pie cambiado en este maremágnum, con tantos ciudadanos indefensos por su incapacidad para asimilar tanta información y poco conscientes aún de la huella que dejan en la red, una huella de la que se aprovechan otros más avezados para saber todo de nosotros en su propio provecho, sostiene en esta entrevista.

Señor Tascón. ¿Estamos ante la cuarta revolución industrial gracias al binomio Big Data-Internet, tal como se anunció recientemente en la cumbre de Davos?
No sé si estamos en parte de la tercera revolución o hemos entrado ya en la cuarta. La tercera revolución es la de la informática y es cierto que en los últimos años se han producido varios saltos cualitativos como el Big Data, sin el cual no sería posible el Internet de las cosas.

¿Cuál ha sido el principal salto cualitativo dado en Internet?
Sobre todo la abundancia de datos que no tiene parangón en la historia. Hablamos de las tres «v» que siempre se señalan en el Big Data: la velocidad de la información, su volumen y la variabilidad. Se procesa información muy diferente. Esos tres elementos son nuevos y existen gracias a la informática. Tenemos datos porque los aparatos los recogen.

¿Estamos capacitados para asumir esas tres «v» del Big Data?
La sociedad en su conjunto no está capacitada para asimilar tanta información de una forma tan rápida y con tanta variabilidad. Los ciudadanos están indefensos en relación a lo que sucede con todos estos datos. Pasa lo mismo en las administraciones públicas. La revolución de la informática nos ha pillado a todos con el pie cambiado.

¿A qué tipo de indefensión se refiere usted?
Los ciudadanos viven en una inocencia digital bastante notable. Desconocen las implicaciones de este mundo en el que estamos y la huella que van dejando en él. Solo con los metadatos de una persona puedes llegar a saber todo de esa persona.

¿Están más expuestos los jóvenes a este strip-tease?
No. El analfabetismo digital no tiene límites de edad. Es muy sorprendente el pago que hacemos con nuestra privacidad por los servicios que nos prestan. El precio que pagamos es mucho más alto de lo que la gente piensa. Nada es gratis aunque lo parezca.

Alguna bondad tendrá este mundo digital, del que usted es un abanderado en nuestro país.
Por supuesto. Cuantos más datos aporte uno sobre sí mismo, mejor le atenderán las diferentes marcas. El problema es saber qué pasa y cómo se estructuran esos datos. Hoy en día es más fácil el engaño que cuando ibas a la carnicería y el carnicero sabía toda tu vida.

¿Qué es el Internet de las cosas, que usted explica en su último libro?
El Internet de las cosas no deja de ser más que una tangibilización del Big Data. Internet conectó primero a las personas y ahora son las cosas las que se conectan entre sí, por ejemplo, en los coches que están conectados a datos de tráfico o de circulación. Reproducimos un gigantesco cuerpo en el que el Internet de las cosas son los sentidos y algunos órganos y el Big Data son los impulsos nerviosos.

¿Por qué el desarrolló del Big Data es tan importante para un país?
Porque los expertos ya nos dicen que los datos son el nuevo petróleo. El avance de un país, sus industrias, sus escuelas y ciudades, está completamente ligado al Big Data

Qué estamos haciendo en España para conseguir un Internet más inteligente y más seguro?
Pocas cosas y dispersas. Desde luego, no hacemos lo que se debería hacer porque la inversión en I+D+i ha bajado ininterrumpidamente desde 2007. Los últimos años han sido nefastos y eso que en España hay muy buenos investigadores. Además, en España se castiga el fracaso y en tecnología todo los ensayos fracasan hasta que llega el éxito. En otros sitios el fracaso no es más que experiencia y se valora.

¿Por qué dejó usted los periódicos nacionales en los que puso en marcha su transición digital?
Me di cuenta en aquel momento de que las estructuras tradicionales de los periódicos no estaban preparadas para afrontar el cambio a digital. Había que dar un salto y eso significa un riesgo que atemoriza siempre a directivos y trabajadores. Me dio la impresión de que los periódicos estaban en el final de la gestión de una época que iba hacia abajo y que les daba vértigo subirse a la nueva ola que se avecinaba.

¿Cómo le va con su empresa Prodigioso Volcán?
Muy bien. Somos casi 40 personas y casi todos periodistas, y desde 2010 estamos volcados en todos estos temas de Big Data, Internet, brand counter o consultoría en comunicación digital. No nos podemos quejar

¿A qué conclusión le ha llevado su paso por el sitio de noticias lainformacion.com?
Lo fundamental fue aprender que lo mejor hoy en día es trabajar con un sistema mixto automatizado y manual. Tener gente pendiente de un teletipo no tiene sentido. En lainformacion.com se hizo una apuesta por la automatización general de la información y llegábamos a procesar al día más de 20.000 noticias que se iban automáticamente a las cajas de secciones. Era una información jerarquizada por un sistema de algoritmos.

¿A qué se dedicaba la parte manual?
A lo que da un valor añadido a la información, es decir, a los reportajes, las entrevistas o los análisis. En lainformación.com ensayamos con nuevas narrativas, infografías interactivas, la introducción de datos y entramos de lleno en las redes sociales.

¿En qué afecta al periodismo la disrupción generalizada que estamos viviendo?
La sociedad ha encontrado sustitutivos más baratos para obtener la información que antes le daba el periodismo. Hay información amateur de calidad, muy digna y rápida. Los periodistas han perdido los castillos desde los que daban sus homilías y solo les queda reciclarse, meterse en las redes sociales y apostar por escribir de otra manera

¿Cómo ve el futuro de The Independent, que tras cerrar su edición impresa hace unos meses afronta ahora su futuro como medio exclusivamente digital cada vez con menos periodistas?
Mal. Lo que ha hecho The Independent es no atreverse a cerrar del todo. Hace una edición digital solo para quitarse gastos de imprenta distribución y quitarse del medio al 80 por ciento de la plantilla. Esa operación me suena a maquillaje empresarial para mantener únicamente la cabecera.

¿Sale adelante la revolución que Jeff Bezos, dueño de Amazon, está llevando a cabo en The Washington Post con un director digamos tradicional al frente como el ahora popular periodista Martin Baron gracias a la película Spotlight?
Lo del Washington Post es todavía una incógnita, pero por el momento no veo que se haya producido ninguna revolución a pesar de contar con las inyecciones de dinero que pone Bezos y de sus conocimientos de la red.

¿Por qué los modelos digitales de pago para estar informado no responden como se esperaba de ellos?
Porque las empresas quieren cobrar por información que ya tienen los ciudadanos gratis. Este negocio se ha construido desde la oferta y no desde la demanda y lo cierto es que la gente sí que pagaría por información relevante tanto para sus vidas como para sus negocios. Lo que no pagan es por paquetes de información.

El periodismo tradicional consistía en investigar, seleccionar, jerarquizar e interpretar la actualidad. ¿Es que eso ya no sirve?
Sí que sirve, pero algunas de esas funciones ya no son exclusivas de los periodistas. La jerarquización ya no la marcan los medios de comunicación, sino las redes sociales y eso se ve muy claramente en las agendas políticas.

¿En qué no ha sabido modernizarse la industria periodística
No ha comprendido que su modelo industrial está caduco y además su credibilidad se ha deteriorado mucho.

Reláteme por favor cómo sufrió usted esa experiencia por los periódicos que pasó. ¿Se sintió realmente incomprendido para dar los pasos necesarios hacia el cambio digital?
Sí, pero con el tiempo me he dado cuenta de que era normal que no entendiesen lo que yo proponía. Yo veía muy claro que había que dar el salto a la revolución digital y todos me miraban como si fuese un marciano.

¿Pecan de soberbia los periodistas?
Desde luego que sí. Ese es el pecado capital del periodismo, junto a la envidia.

¿Usted dice que la gente más que leer o escuchar lo que quiere es escribir o hablar. ¿Acaso la clave está en convertir a los ciudadanos en periodistas?
No, pero creo que hay que asumir que la comunicación es ahora más un diálogo que un monólogo. Todos los ciudadanos tienen hoy instrumentos tecnológicos más potentes que los que tenía un periodista hace diez años, pero eso no quiere decir que sean periodistas.

¿Cómo tenemos que reinventarnos?
Aprendiendo a mimetizarnos con este mundo que nos ha tocado vivir. Muchas veces, la realidad iba por un lado y el periodista, por otro. Los periodistas tienen que estar en las redes sociales, no menospreciar las nuevas tecnologías, ser más creativos, cambiar la forma de escribir y dar enfoques nuevos a los temas que quieren contar.

¿Van a sustituir las redes sociales a los periódicos e incluso a las páginas web?
El concepto de periódico está ya afectado por las redes sociales hasta el punto de que la gente lee una noticia en Facebook pero no sabe de qué medio de comunicación ha salido.

Destacados intelectuales ven a Internet como causante de la trivialización de la cultura.
Es lo mismo que dijeron de la radio en los años 20 del siglo pasado algunos intelectuales. Estamos ante un mundo nuevo en el que nunca ha habido tanta información disponible ni tan poco tiempo para procesarla.

The Times deja de publicar noticias en tiempo real en su web. ¿No necesitamos realmente un periodismo más pausado, más analítico y menos agobiante que nos permita hacernos una composición de la realidad en que vivimos en vez de seguir por esa senda de sobresaturación informativa fragmentaria que no deja de ser otra forma de censura como denunció Ignacio Ramonet?
Es bueno de vez en cuando pararse para reflexionar pero tenemos que ser conscientes de que ahora estamos en tiempos de Heráclito, no de Parménides. No puedes pretender que la sociedad se pare en un momento en el que el tiempo real es tan importante.

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