Oreja para Manzanares en Nimes

El diestro alicantino tuvo una buena actuación en la quinta corrida de la Feria de Pentecostés y fue el padrino de la alternativa del torero castellonense Varea

16.05.2016 | 00:49

Para los pitagóricos –los primeros en cultivar las matemáticas- el número era el principio general de las cosas, y consideraban a los números pares como indeterminados e incompletos.

Dos corridas de Juan Pedro Domecq se lidiaron ayer en la tarde del día de San Isidro. Nada menos que una en Madrid y otra en Nimes, la segunda del día en esta plaza, porque el dos es el desdoblamiento, el dualismo interno de todos los seres.

En el coliseo nimeño el diestro alicantino José María Manzanares dio la alternativa al castellonense Varea, como testigo López Simón y dentro de la Feria de Pentecostés -5ª de abono-, un cartel que comenzó a llamar la atención desde su anuncio.

Se tiene como cierto en el ambiente novilleril que tomar la alternativa en Nimes da buena suerte, lo que ha convertido a este enclave en todo un vivero. El toro de la ceremonia fue Malavida y Varea fue ovacionado cariñosamente tras realizar una faena que fue de menos a más, pese a haber estado francamente mal con la espada.

José María Manzanares toreó haciendo un derroche de facultades a la segunda res del orden de lidia –Vehemente-, claro ejemplo del toro de esta ganadería. Aunque quedó inédito con la izquierda, la faena estuvo bien estructurada, toreando con largura y destacando los derechazos finales.

Entró a matar con acierto en la suerte de recibir y fue premiado con una oreja.

Al cuarto de la tarde intentó Manzanares torearlo bien con el capote -por Chicuelo- pero el inválido juampedro apenas se tenía de pie. Con la muleta anduvo buscándole las vueltas tratando de hilvanar al menos una faena que permitiera redondear la tarde, pero cuando no hay toro nada puede ser. Silencio.

López Simón toreó con valor a su primero pero fallando con la espada. Careció de opciones con el quinto, que se lesionó durante la lidia. A continuación decidió regalar el sobrero, cuajando una faena que caló en los tendidos y que remató con la estocada, cortando las dos orejas.

Un festejo de contrastes con casi tres cuartos de plaza en tarde soleada y una corrida en tipo, aunque de escaso juego y desigual de presentación.

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