Crónica de un cantaor en Pionyang

El cantante alicantino Manuel de Segura, que actuó en Corea del Norte del 11 al 17 de este mes, asegura que no les dejaban salir del hotel solos ni asistir a restaurantes con otras personas

27.04.2016 | 16:50
Crónica de un cantaor en Pionyang

Le pareció tan extraño, que cuando le dijeron que tenía que actuar en Corea, pensó en la del Sur. Fue después cuando le explicaron que no, que era en el feudo de Kim Jong-un donde iba a mostrar su arte. «Yo no tengo colores, soy un artista y hago arte», asegura Manuel de Segura, cantante alicantino que ha puesto una plica en Flandes al convertirse en el único español, junto a la cantante María Gracia y el Ballet Inquietudes, que ha participado en el Festival de las Artes en Pyongyang, la capital de Corea del Norte, del 11 al 17 de abril, para rendir homenaje a Kim II-sung, abuelo del actual mandatario.

Tuvo el pasaporte retenido casi dos meses antes de marchar hacia el país asiático, los billetes se los dieron en el propio aeropuerto –volaron vía Moscú en un avión solo para los artistas que venían de diferentes países–; le retuvieron el libro Botín de guerra, de Miguel de Molina, al ver el título –«es que a quién se le ocurre llevar ese libro»–; no tuvo opción de pasear por las calles de la capital; se vio obligado a reclinar la cabeza ante los monumentos de los líderes coreanos, pero se les prohibió fotografiar sus imágenes; no pudo salir del hotel sin permiso –estaban en la planta 36 de 48-; no les decían a dónde iban hasta que no llegaban a los sitios; internet allí es como el demonio y disfrutó de una cena en un lujoso restaurante en el que estaban... solos.

Sin embargo, fue salir y empezar a zapatear, mientras daba capotazos toreros con su capa y entonaba Sangre levantina, y ver cómo el público del Teatro de la Ópera, con una capacidad para 4.000 personas, quedaba cautivado y lo demostraba, eso sí, a su manera. «Aplauden levantando las manos hacia arriba y son mucho más prudentes, más señoriales, pero cariñosos y se quedaron sorprendidos porque somos muy temperamentales».

En ese teatro iban a actuar un día, pero al final se quedaron cinco; luego clausuraron el festival en el Palacio de Congresos, ante 6.000 personas y, cree Manuel de Segura, también ante el líder. «Normalmente nos recogían y nos dejaban en el teatro; dentro podíamos estar charlando con los otros artistas, pero ese día nos prohibieron salir de los camerinos y fuera había un despliegue militar increíble». Precisamente desde los monitores de esos camerinos pudieron ver que el público se ponía en pie a aplaudir mirando al palco y que sonaba el himno del país. «No puedo asegurarlo, pero todo ese movimiento nos parece muy significativo. El control fue mucho mayor, nos revisaron las bolsas y 20 minutos antes de actuar nos vinieron a buscar y nos llevaron al escenario directamente».

La presencia de Kim Jong-un es permanente, pero está prohibido sacar fotos de su imagen. «En el Teatro de la Ópera había como una especie de altar con sus fotos y flores; la gente tenía que inclinar la cabeza al pasar delante y a nosotros se nos prohibió hacer fotos... hasta nos revisaron las cámaras y si se veía un trozo las borraban».

Las excursiones estaban programadas «porque solos no nos dejaban salir, ni tan siquiera pudimos ver los teatros por fuera». Visitaron el cuerpo embalsamado del líder fallecido, ante la mirada atenta de los transeúntes «que nos saludaban mucho porque en el autobús teníamos escolta con policía y sirenas». También porque «coches por allí, hay pocos». También le sorprendió que las tiendas –pocas– no tenían escaparate, igual que los restaurantes. «Nos llevaron a la calle porque era el día de los Fuegos, por el cumpleaños del eterno líder, al que llaman así porque dicen que sus cenizas las mandaron al espacio con un cohete... ¡cómo son!». Ese fue el mayor contacto con la gente. «Los militares hicieron una barrera para abrirnos paso y la gente nos miraba y bajaba la cabeza».

Hubo hasta fiesta de despedida, al son de La coplilla del olé, por su parte, y también de Los Pajaritos, «de mi amiga María Jesús». «Fue muy bonito, aunque yo al volver al hotel revisé mi maleta por si acaso... te cuentan tantas cosas que yo qué sé».

Los tres premios que la expedición española se ha traído de Corea del Norte en este festival –que ha contado con artistas de Mongolia, Malasia, China, Cuba, Perú, Rusia, Italia y España– han merecido la pena y les abre las puertas para volver el próximo año.

«El recibimiento fue increíble, todo el mundo con uniforme y flores, con una actuación de la Orquesta Sinfónica y el Coro de Corea del Norte, con más de 500 personas, yo nunca había visto nada así». Además, apunta Manuel de Segura, tienen un solo canal de televisión, «en el que ponen todo el rato música clásica y militar, y actos del líder», pero «nos recibieron 18 cámaras». «La verdad es que la gente se ha portado estupendamente; han sido muy cordiales y atentos, y para mí la experiencia ha sido estupenda... aunque mi madre me pidiera llorando que no fuera», bromea.

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