Sexualidad y provocación

Su forma de vestir y de peinarse, sus exóticos trajes y sus mallas le convirtieron en un iconoclasta de la sensualidad

22.04.2016 | 09:06
Sexualidad y provocación

Prince llevó la psicodelia, el funk y el pop de su música a su manera de vestir y de peinarse, algo que lo proclamó también como un icono de la moda que nunca vio combinaciones imposibles en sus estilismos.

Desde su primer disco en 1978, For You, el cantante de Minneapolis siempre mostró su sentido de la estética, así como su intención de no dejar a nadie indiferente en sus apariciones, aunque en este primer trabajo, así como en el segundo, Prince (1979), optó por primeros planos en los que su característico bigote ya despuntaba y que nunca abandonó.

Fue a partir de su tercer álbum, Dirty Mind (1980) cuando el cantante de melodías como Purple Rain ya eligió la provocación y el ser sexy jugando con bañadores estrechos y perfectos de cuero que dejaban ver su cuerpo casi al desnudo. Siempre amante de los volúmenes en los hombros, Prince jugó también con una imagen femenina, tanto en sus movimientos encima del escenario así como en sus posados en fotos y en las portadas de sus discos. Y así lo mostró en 1988 en Lovesexy, donde apareció desnudo con una mano en el pecho y la melena al viento.

Pero si de algo hay que llamarlo fetichista era de las mallas que siempre visitó cuando no elegía mostrar sus delgadas pero firmes piernas. Amarillas, con tachuelas, de cuero, lunares o de talle alto, cualquier le valía y le convertía en un auténtico iconoclasta de la sensualidad.

En su lista de predilecciones también optó por conjuntos de dos piezas o monos de un único color o un único estampado, por lo que su figura se convertía en un punto imposible de dejar de mirar. Aunque también manifestó en continuas ocasiones su gusto por los trajes de sastre de colores y llamativas camisas que combinaban solo por el hecho de que quien las vestía era él.

Aunque si hubo un complemento que confirió altura a su pequeña estatura (medía menos de un metro sesenta) fueron sus inseparables tacones, esos con los que nunca tuvo ningún problema a la hora de contonearse sobre el escenario.

Amante también de las gafas de sol, casi siempre negras, Prince siempre usó su mirada para interpretar sus canciones, tanto es así que acudía con mucha frecuencia al lápiz de ojos negro para remarcarlo como parte de la letra de sus melodías.

Respecto a su pelo, los rizos africanos que lució en sus primeros años fueron combinándose con alisados imposibles que le conferían una larga melena, hasta que llegaron los primeros cortes de cabello y ese tupé cardado que ya le acompañó hasta sus últimas apariciones.

Por último, y aunque se trata de un artista cuya estética es inabarcable, Prince también usó con frecuencia bastones de formas y materiales excéntricos con los que caminaba como un profesor de danza que marca con fuerza los movimientos de sus alumnos. Bastones que aumentaban la autoridad que siempre mostró en su vida, dentro y fuera de los escenarios.

El estilo Prince infectó el mundo del pop. Sin miedo y con descaro, introdujo el sexo explícito en los mojigatos salones de las grandes estrellas y nos enseñó que ser generoso es la mejor fórmula para la creatividad. Capaz de unir el funk, el rock y el R&B sin aspavientos, el pequeño –en el colegio se reían por su estatura de 1,58– gran hombre se ligaba a las chicas más guapas del planeta rock.

Testigo de Jehová y vegetariano, dedicaba unas seis horas al día a leer la Biblia. También sacó a relucir su lado más solidario, como en 2005 cuando grabó dos canciones en beneficio de las víctimas del huracán Katrina que devastó Nueva Orleans.Uno de sus últimos proyectos, que nunca verá la luz, eran sus memorias, que iban a ser publicadas en 2017 bajo el poético título The Beautiful Ones.

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