Entrevista

John Boyne: "Trump y Hitler dicen lo mismo"

Con 'El niño con el pijama de rayas', este novelista irlandés tocó la gloria y ahora regresa al drama del nazismo

15.04.2016 | 01:17
El escritor irlandés John Boyne.

El sol vierte sus reflejos en uno de los canales de Ámsterdam. De repente, la chica que atiende un puesto de tulipanes tira del abrigo a su madre: "¡Mira, mira, el del pijama de rayas!". Ya podría John Boyne pasearse con esmoquin o ir con zancos, que para la gente será siempre "el del pijama de rayas", prenda que no sabemos si ha usado nunca, pero que es una referencia a la novela que le hizo famoso y que ha vendido seis millones de ejemplares en todo el mundo.

Boyne nos ha recibido en la capital holandesa, donde se encuentra de promoción de su última novela, 'El niño en la cima de la montaña', editada por Salamandra y Empúries y también ambientada durante la Segunda Guerra Mundial. Si 'El niño con el pijama de rayas' abordaba la relación entre el hijo de un oficial nazi y un niño preso en un campo de concentración, ahora el protagonista, Pierrot, se queda huérfano y debe dejar París para ser acogido por su tía Beatrix, que es ama de llaves nada menos que de la Berghoff, el Nido del Águila, la casa que Hitler tiene en la montaña. Allí, el niño se irá transformando. Hay incluso un breve cruce, cuando Pierrot se encuentra a un personaje del €Pijama en una estación de tren.

Hay un toque dickensiano: el protagonista es huérfano; el padre, alcohólico; suceden un montón de desgracias€
Empecé a leer a Dickens a los 11 o 12 años, y fue una experiencia esencial para mí. En otro de mis libros, El secreto de Gaudlin Hall, incluso hace un cameo. David Copperfield es el primer libro que me hizo estremecer, sentir cosas, luego pasé a otras novelas de crecimiento, de niños que se convierten en adultos. Eso se ve en toda mi obra, hago libros de gente joven, sin padres alrededor. Los huérfanos son muy independientes, y eso les da un toque adulto sin abandonar la magia de la infancia.

¿Pero su infancia fue feliz?
¡Mucho! Mi padre era agente de seguros, y mi madre, ama de casa; estuvieron muy cerca de mí y me dieron un entorno agradable. Mi madre cogía muchos libros prestados de la biblioteca, siempre estaba en el porche leyendo alguno.

"Empecé a leer a Dickens a los 11 o 12 años, experiencia esencial. ´David Copperfield´ es el primer libro que me hizo estremecer. Eso se nota en mi obra, libros de jóvenes sin padres alrededor"

¿Fue a una escuela católica?
Ahí ya no fui tan feliz. Fui un chico de altar, iba a una escuela religiosa y a misa los domingos. Sabía que existían protestantes, judíos o mormones, pero nunca me fijé en ninguno y, de haberlos visto, me habría cambiado de acera, porque era gente que iba a arder en el infierno. El gran acontecimiento era que el cura viniera a cenar a casa, se preparaba todo con semanas de antelación. Los británicos dicen que, por donde pasa la reina, huele a pintura fresca; en nuestro caso sucedía con los curas, las casas se arreglaban antes de sus visitas. Yo era un chico ­tranquilo y tímido, con pecados sencillos, los normales a esa edad, y pensaba que, si confesaba lo que pasaba por mi cabeza, me iban a excomulgar o a detener. Nunca he estado más aterrorizado: un día, me puse a llorar de pánico en el altar.

¿Cómo ha visto el escándalo de los abusos sexuales?
He escrito una novela sobre eso, 'Una historia de soledad'. En mi caso, a los 13 años, tuve la mala fortuna de cruzarme con un cura sádico que nos golpeaba con una vara con la punta de metal, a la que llamaba Excalibur; un día me dio tan fuerte que estuve dos semanas sin pisar la escuela. Recuerdo el placer que ese hombre sentía cuando yo me venía abajo antes de recibir el golpe. Otro cura nos bajaba los pantalones delante de los demás chicos y nos daba azotainas. Pero no eran sólo los curas: los maestros contratados también caían en estas prácticas. Uno de ellos nos golpeaba por delante del pantalón. Estas cosas sucedían todo el tiempo, y a nadie se le ocurrió nunca protestar. Por eso mi generación les tiene tan poco respeto. No es fácil ser un adolescente gay en ese contexto y oír que te llaman enfermo mental y que te recomiendan electroshocks, y que eso lo dice alguien que te estaba toqueteando en clase. Ya no soy católico. Rompieron mi infancia y la de mucha gente.

¿Eso se nota en Irlanda hoy?
Ya no. El catolicismo es como esos viejos amigos de la infancia que no vuelves a ver. El año pasado, celebramos un referéndum sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo y el sí ganó con más del 62% de los votos. Gracias a eso estoy casado y puedo llevar este anillo.

¿Cómo ha sido su investigación para este libro?
Fui a la Berghoff, la casa de descanso de Hitler, en lo alto de la montaña, en los Alpes bávaros.

¿Qué es ahora?
No queda mucho, es pequeña, eran dos edificios, y uno se ha perdido, primero fue bombardeado, luego quemado por los nazis en su retirada, y posteriormente demolido con explosivos porque se estaba convirtiendo en centro de peregrinación. La que queda es la casita de abajo, una especie de museo. Cuando llegas, percibes los fantasmas que la habitaron. Me afectó estar en ese increíblemente bello lugar del mundo, sentir la intensidad del paisaje y mirar a la casa y pensar en todas las cosas que allí se decidieron, ese terrible contraste entre paz y guerra. Vi también a gente que vivió la época, recopilé mucha información. Me detuve especialmente en la hermana, o medio hermana, de Hitler, Angela, que en 1928 se trasladó al Berghoff con su hija Geli y se convirtió en el ama de llaves; mi personaje de Beatrix bebe mucho de ella. A Geli le sucedió como a Pierrot, fue niña en la casa de campo de Hitler€ y se suicidó. Angela se enemistó con Eva Braun y eso la separó de su hermano. El chófer es inventado, pero las visitas que recibe sí están basadas en hechos reales: Himmler, Heydrich, Von Ribbentrop, Goebbels€

"Cuando escribes, debes huir del cliché: la furia de los discursos de Hitler, su brazo alzado, el flequillo... Es fácil deslizarse hacia eso. Es más complicado dibujarlo como parte de algo"


Es muy divertida la fiesta que describe, con Leni Riefensthal filmándolo todo.
¡Eso es cierto! Allí estuvo ella, con sus gafas de sol, asistió a alguna fiesta y tomó imágenes. A veces lo más novelesco son los hechos reales. Intento ser fiel a lo sucedido e introducir en esas escenas históricas a los personajes de ficción.

Su Hitler es malo, pero, pese a ello, humano, ¿no?
Cuando escribes una novela, debes huir del cliché: la furia de sus discursos, los saludos con el brazo alzado, el flequillo... Es muy fácil deslizarse hacia eso. Es más complicado dibujarlo como parte de algo. No lo pinto como alguien bonachón o bienhumorado, en absoluto. Hay momentos en que muestra su rabia, su ira, y entonces da miedo. Pero también tiene otros tranquilos, en los que toca el piano o charla con el muchacho.

¿Su trama para asesinar a Hitler es histórica?
Hubo muchas conspiraciones para acabar con su vida en los años treinta y cuarenta. Creo que tenemos que reconocer la labor de esos alemanes que no bajaron la cabeza y resistieron. Hubo una resistencia alemana, hay lectores que se sorprenden de ello.

Esa es la parte de thriller de la novela.
Sí. Y es a la vez el punto en que el lector se da cuenta de que ya no hay posibilidad de vuelta atrás, de que las cosas han llegado demasiado lejos y la mendacidad se ha impuesto a todo. A partir de aquí, el personaje llevará siempre una mancha.

"En la escuela no fui tan feliz (como en casa). Ya no soy católico. Rompieron mi infancia y las de muchos: el catolicismo es como esos amigos de la infancia que no vuelves a ver".

"En la escuela no fui tan feliz (como en casa). Ya no soy católico. Rompieron mi infancia y las de muchos: el catolicismo es como esos amigos de la infancia que no vuelves a ver"

Su libro dice que el mal anida en el interior de todos nosotros.
Así es. Y también que la presión social, el empuje de una persona carismática y sus secuaces, puede conducir a una nación entera a la locura. Si lo analizamos hoy, es muy fácil decir: qué tontos esos alemanes, ¿por qué le dieron cancha, por qué le votaron? Pero, si uno está inmerso en ese momento histórico, es justo lo contrario, lo heroico es resistir, negarse a formar parte de esa corriente. Nos gustaría pensar que hemos aprendido y nosotros sí vemos las cosas correctamente, pero no es así, de hecho es fácil corromperse, caer al lado oscuro.

Tal vez hoy formemos parte, sin darnos cuenta, de alguna de esas corrientes horribles de las que, en el futuro, la gente dirá: ¿pero cómo pudieron hacer eso en el 2016?
Absolutamente. Mire a los estadounidenses. Donald Trump está enfermo. Si la gente fuera solamente un poquito más educada, más inteligente, un Trump presidente de EE.UU. sería algo imposible. ¿Cómo es posible que no se reconozca en sus discursos el aliento del racismo y el odio? ¡Un hombre que quiere impedir la entrada de musulmanes a EE.UU.! Nada ha cambiado. El discurso de Hitler antes de ganar las elecciones es el de Trump.

¿Y Europa lo hace mejor?
Siempre que los líderes políticos pierden la perspectiva moral, tenemos problemas serios. No he visto a ningún líder europeo a la altura en el tema de los refugiados, gente que sufre y viene huyendo de una guerra, pidiendo ayuda. Lo importante es que hay niños muriéndose en las playas, no es aceptable la respuesta que Europa da a eso.

Debe de ser difícil poner a Hitler en el centro de una novela. ¿Cuáles eran los riesgos?
Sale por primera vez hacia la mitad del libro, es lo que sucedía en el €Pijama con el niño judío. Ambos personajes dominan el libro, pero tardo en mostrarlos. Quise mostrar algo nuevo en él, su relación con Pieter, al que le falta la figura paterna y Hitler de algún modo le llena ese vacío. No hemos leído mucho acerca de la relación de Hitler con los niños, no sabemos si se interesó por alguno en particular, alguien que envió a tantos a la muerte; ese es un aspecto en el que no han entrado sus biógrafos.

"La gente cree que es difícil resistir la presión del éxito, pero el éxito te da enorme libertad, ganas confianza, puedes dejar tus otros trabajos..."

¿Cómo describiría la transformación de Pierrot a Pieter?
Lo llamo Pieter cuando se comporta ya de otro modo, como a Hitler le gusta. En mis libros protagonizados por jóvenes, ellos siempre eran humanos, decentes€ mientras que este puede caer del lado oscuro. Es su responsabilidad luchar contra la atracción del mal.

Un oficial se refiere a la "zona de interés", esa parte de los campos donde los nazis hacían su vida, que es el título del último libro de Martin Amis, muy criticado por aplicar el sentido del humor al Holocausto.
Soy lector de Martin Amis, me encantó La flecha del tiempo, ambientada en Auschwitz. A mí, que he hablado con muchas víctimas y familiares de fallecidos en los campos, lo que me dicen es que la historia debe ser contada una y otra vez, para que no se olvide. Los libros que surgen nuevos, gusten o no, parezcan más o menos delicados, mantienen el continuum de la narración sobre los campos, y eso es positivo.

¿Es usted el mismo escritor cuando escribe sobre un joven o un personaje adulto?
Sí. Voy alternando protagonista infantil y adulto en mis obras. La gran diferencia es que, cuando tengo un narrador adulto, adopto la primera persona. Y cuando es un muchacho, siempre lo escribo en tercera, no me veo capaz de hablar como un niño directamente.

En el Reino Unido crecen los que se quieren ir de la UE. Usted, como irlandés€
Nosotros somos mucho más europeos. Porque reconocemos algo que el Reino Unido no sabe ver: cómo Europa nos ha ayudado a crecer. Cualquier irlandés de la calle le puede contar lo que éramos cuarenta años atrás, antes de la inversión europea: es como si habláramos de otro país. Las carreteras, las obras públicas€ Impresionante. En Gran Bretaña ha sucedido lo mismo, exactamente, pero ellos no lo quieren reconocer: lo que va bien es mérito suyo, y las cosas malas son culpa de Europa. Creo que tenemos que volver a creer en Europa.

¿Qué significó para usted 'El ladrón del tiempo'?
Fue mi primera novela, hace ya 16 años. Yo trabajaba en una librería. Tenía 28 años y, con ese contrato editorial bajo el brazo, me di cuenta de que había empezado algo nuevo; es curioso, pero me sentí envejecido, como si hubiera empezado a ser adulto entonces. Fue muy excitante, pero a la vez difícil, porque mis primeros libros no fueron precisamente bombazos. No cambiaron las cosas hasta El niño con el pijama de rayas, en el 2006, que es mi quinta novela.

Tal vez no fue fácil escribir la siguiente novela al ...Pijama€
Noooo, fue la más fácil de todas. La gente cree que es difícil resistir la presión del éxito, pero en realidad el éxito te da una enorme libertad: obtienes lectores, editores en otros países, ganas confianza, puedes dejar tus otros trabajos€ Todo son ventajas. Cambió mi vida para bien.

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