Profesor y escritor 

Santiago Posteguillo: «Una novela extensa no tiene por qué ser pesada»

Profesor universitario y auténtico superventas de la novela histórica, acaba de publicar La legión perdida

01.04.2016 | 01:35
Santiago Posteguillo: «Una novela extensa no tiene por qué ser pesada»

Con su nueva obra concluye su Trilogía de Trajano. En este tercer volumen, el emperador de origen hispano se lanza a la conquista de Partia para controlar su ruta de comercio.

Con las más de mil páginas de La legión perdida, la Trilogía de Trajano supera las 3.000 ¿Por qué siempre libros tan extensos?
Es congruente con lo que intento hacer, un fresco de todo el reinado de Trajano. Para eso no sólo cuentas la vida del personaje principal sino de todo el entorno: amigos, familia, contrincantes, y todo eso tanto dentro como fuera de Roma. Inevitablemente, cada historia requiere de su espacio: Trajano, Adriano, la Partia... Eso hace que vayas a múltiples escenarios. Pero una novela extensa no tiene por qué ser una novela pesada. No hay novelas largas o cortas, las hay entretenidas o aburridas. Y yo lo que pretendo a través de una constante variedad de relatos es hacer fresca la narrativa en su conjunto. Hay lectores que me dicen que ojalá mis libros tuvieran más páginas.

Se le conoce por su rigor histórico, ¿cuánto de ficción hay en sus novelas?
En la clase de novela histórica que yo hago (no digo que sea la mejor), los personajes principales y la ambientación son históricos, tomados de las fuentes clásicas. Luego hay partes privadas de las que sólo se conocen apuntes y es tarea del autor recrearlas. También hay vacíos donde los historiadores barajan distintas posibilidades, como el destino final de la legión perdida. Yo me decido por una (la más fascinante, que dice que pudo acabar en China) y la novela. Puede ser ficción o no. Eso lo dirán quizás las investigaciones futuras.

También le gusta crear personajes de las clases populares.
Esta no es una novela social, pero sí tengo preocupación por reflejar no sólo a las clases sociales más elevadas, que son las que más influyen. Por eso introduzco como personajes a legionarios de combate, a un gladiador y a su familia, a un comerciante... Todo eso te hacer ver cómo el enfrentamiento entre las grandes familias imperiales afectaba al ciudadano de a pie.

Sus libros presentan a Trajano como un gran emperador. ¿El mejor que tuvo Roma?
Digo lo que el Senado romano comenzó a decir a cada nuevo emperador después de la muerte de Trajano: «Que seas tan afortunado como Augusto y tan bueno como Trajano». Ellos sabrán por qué lo hacían. Es claramente un reflejo de que su gobierno fue muy bueno.

¿Habría cambiado la Historia si su legado hubiera perdurado?
Es el eterno debate. Si Trajano hubiera conseguido que le sucediera Lucio Quieto, como era su deseo, quizá Roma habría conservado más tiempo esas provincias y esa parte del mundo hubiera evolucionado más tiempo a la par de Europa. Hablo de una ucronía, pero podría ser otro mundo. Lo importante es que Trajano tenía un plan para la posguerra, algo que 2.000 años después los norteamericanos no tuvieron, por ejemplo, en la Guerra del Golfo. No puedes llegar a un territorio, ponerlo todo patas arriba y luego irte.

¿Tendría algo que enseñarnos hoy día Trajano como gobernante?
Muchísimas cosas. Que no puedes exigir sacrificios o austeridad si tú mismo no das ejemplo, que no puedes llenarte la boca diciendo que vas a luchar contra la corrupción si no obligas a los corruptos a devolver el dinero... Trajano lo hacía y eso que no era una democracia sino un Imperio. Y aunque tenía un poder autocrático, no se saltaba al Senado y pactaba las decisiones de poder exterior. También pactaba incluso con sus enemigos para evitar guerras. Me duele dejar a este personaje, con el que he estado siete años, y encontrarme con una casta de políticos que están cobrando sus sueldos sin hacer su trabajo. Llevamos 100 días sin Gobierno y el espectáculo es para llorar. Yo haría una ley para que los políticos no cobraran mientras no hubiera Gobierno. Sin duda alguna, los valores de Trajano podrían enseñar mucho a nuestros políticos.

Por contra, caracteriza a su sucesor, Adriano, como un intrigante, muy distinto al que nos legó Marguerite Yourcenar en sus Memorias de Adriano.
Yourcenar dejó una gran novela. De un personaje tan complejo como Adriano se pueden hacer muchas representaciones pero la suya era muy parcial. Adriano ordenó matar al arquitecto Apolodoro de Damasco sólo por reírse de unos planos, maltrataba a su mujer, ejecutó a senadores y era tan caprichoso que llegó a sacarle los ojos a un sirviente. Gastó el dinero público no en edificios públicos, como hizo Trajano, sino en palacios para él. Luego era inteligente, astuto y culto. Dio un golpe de Estado y le salió bien.

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