MARTÍN CAPARRÓS, escritor

«No hay nada más deleznable que un reino, con perdón»

07.03.2016 | 12:24
«No hay nada más deleznable que un reino, con perdón»

El escritor argentino sostiene que «cada vez más hay que hacer periodismo en contra de lo que quiere el público» Descreído de los países -«están sobrevalorados»- y del contacto personal, el fútbol es su «salvajería feliz». Ha presentado recientemente Lacrónica, selección de textos elevados casi a manual de periodismo.

El camino fue la escritura, en ese lugar donde es difícil separar periodismo y literatura.

El periodismo bien hecho es literatura, como la narrativa bien hecha. ¡Cómo llamar literatura a una novelita de sadomaso soft de aeropuerto y no a un buen relato periodístico!

Su primer jefe fue Rodolfo Walsh. Eso marca?

Sí, pero aprendí mucho más de él leyéndolo que trabajando con él. Creo que el contacto personal está muy sobreestimado. Es más útil estudiar cómo trabaja alguien que verlo rascándose la oreja.

¡Qué maltratado está Walsh en España! Cuesta hasta encontrar Operación masacre?

En Argentina es al contrario. Hubo un momento en que estuvo tan glorificado que se llegó a que en una encuesta sobre el mejor cuento argentino saliera Esa mujer, suyo? En un país donde nacieron Borges y Cortázar es difícil que el mejor cuento no sea uno de ellos.

No se puede pensar sin haber leído demasiado, dice.

Es verdad. Me sorprende que mucha gente intenta ser periodista sin haber leído. Leer te enseña a ordenar lo que piensas. Mucha gente trata de eludir esa parte y la mala noticia es que se les nota demasiado.

¿No hay invención pura tampoco?

De lo que se trata es de encontrar un par de modelos, empezar a copiarlos y ver si en algún momento de la copia la deriva en el contraste lleva a encontrar algo propio. A veces pasa. Otras, no.

¿El reino de la corrección política le cansa?

Me gusta que lo llame reino, porque no hay nada más deleznable que un reino, con perdón del de España. Y la corrección política está a la altura. Una de tantas formas de acorralar el pensamiento, una especie de censura a priori.

¿Feliz en el imperio de los 140 caracteres?

Me entretiene. Mi coquetería es que, ya que pueden ser 140, que sean 140, y me paso a veces dos minutos rompiéndome las pelotas. Pero el soneto también constriñe.

Lo que hay es un exceso de información. ¿Cómo se le da separar el grano de la paja?

El gran esfuerzo cuando empecé a viajar para escribir historias era conseguir un poco de información. Ahora el gran trabajo es tener la experiencia e inteligencia como para ir a lo que importa.

Habla de manera crítica del periodismo encuestador. ¿Hay que desconfiar del público?

Lo medio acuñé a semejanza de la democracia encuestadora, la de los partidos que se fían de las encuestas porque no tienen nada que ofrecer. Me parece que los medios lo hacen también cada vez más. Hoy mismo está en el segundo puesto de lecturas de un diario puntero cómo hacer la patata frita perfecta. Eso no es periodismo. Así que cada vez más hay que hacer periodismo en contra de lo que quiere el público.

¿Pero la ficción sigue siendo la mejor manera de aprehender la verdad?

Mi problema es que no creo que exista la verdad. Existen miradas.

¿El periodismo de investigación le sobra?

Ni mucho menos. Pero la palabra investigación me suena a policial y no me deja tranquilo. Y a mí me interesa más hacer sentido con lo visible que buscar lo invisible.

¿Cómo va su relación con Argentina?

Distante. Soy argentino, escribo en argentino, hablo claramente en argentino, pero no me hace falta Argentina, aunque añore a tres o cuatro personas, la cancha de Boca? Me parece que los países están sobrevalorados. Me interesa aprender a mirar el mundo más allá de lo estrecho de un país.

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