Einstein tenía razón

Las ondas gravitacionales detectadas, como predijo el científico, abren una nueva ventana al Universo

13.02.2016 | 01:46
Varios científicos aplauden el anuncio hecho ayer en rueda de prensa en Washignton.

El descubrimiento del observatorio estadounidense permitirá contemplar la historia del Cosmos hasta instantes remotos.

La astronomía abrió ayer una nueva ventana al Universo con el anuncio de uno de esos hitos científicos que se esperan durante décadas: la primera detección directa de las ondas gravitacionales que predijo Albert Einstein hace 100 años en su Teoría de la Relatividad General.

En una multitudinaria conferencia de prensa en Washington, los científicos del observatorio estadounidense de interferometría láser (LIGO) pusieron fin a meses de rumores y gran expectación entre la comunidad investigadora ante un hallazgo que abre la puerta a redescubrir el Universo, esta vez, sin necesidad de la luz.

«Señoras y señores, hemos detectado las ondas gravitacionales. Lo hemos conseguido», anunció con orgullo el director ejecutivo del laboratorio LIGO, David Reitze, que recibió una gran ovación en una sala abarrotada de científicos y periodistas.

El hito de LIGO es doble: se trata de la primera detección directa de ondas gravitacionales y de la primera observación de la fusión de un sistema binario de agujeros negros.

Los físicos han concluido que las ondas gravitacionales detectadas se produjeron durante la fracción final de un segundo de la fusión de dos agujeros negros en uno más masivo. Esa colisión de dos agujeros negros había sido predicha pero nunca observada.

El choque ocurrió a una distancia de más de mil millones de años luz, de manera que los detectores de LIGO han observado un evento que ocurrió en un tiempo y una galaxia muy lejanos.

«Hemos tardado meses en ver que realmente eran las ondas gravitacionales. Pero lo que es verdaderamente emocionante es lo que viene después, abrimos una nueva ventana al Universo», anunció entusiasmado Reitze.

Las ondas fueron detectadas a las 09.51 horas GMT del pasado 14 de septiembre por los dos detectores de LIGO, uno localizado en Livingston (Luisiana) y otro en Hanford (Washington), a miles de kilómetros de distancia.

El Comité de Detección de LIGO, un equipo de científicos experimentados, pasó más de cuatro meses escrutando el descubrimiento para confirmar que la señal provenía del cielo y no una fuente en la Tierra o de un fallo instrumental.

El hallazgo fue posible gracias al aumento de la sensibilidad de los instrumentos en 2015, en comparación con la primera generación de detectores LIGO.

«Nuestra observación de las ondas gravitacionales cumple con un ambicioso objetivo establecido hace cinco décadas para detectar de manera directa este fenómeno y entender mejor el Universo», explicó Reitze.

«Además, completamos el legado de Einstein en el centenario de su Teoría de la Relatividad General», añadió.

La conferencia de prensa del anuncio abarrotó como pocas veces el National Press Club de Washington, con centenares de periodistas y científicos que, en la larga fila antes de entrar, se prodigaban en felicitaciones «por eso de lo que aún no podemos hablar».

La expectación fue tal que más de 90.000 personas siguieron el evento en directo en internet, las reacciones se multiplicaron por todo el mundo y las redes sociales se inundaron de ciencia.

Einstein descubrió en su Teoría de la Relatividad General que los objetos que se mueven en el Universo producen ondulaciones en el espacio-tiempo y que estas se propagan por el espacio. Predecía así las ondas gravitacionales, aunque demostrar de manera directa su existencia era el último reto pendiente de la Relatividad.

Durante décadas los astrónomos han acumulado evidencias claras de que las ondas gravitacionales pueden existir, y en 2000 ya se disponía de un conjunto completo de interferómetros: TAMA300 en Japón, GEO600 en Alemania, LIGO en EE UU y Virgo en Italia.

Entre 2002 y 2011 se hicieron sin éxito observaciones conjuntas, pero el gran hallazgo no llegó hasta 2015, cuando los detectores de LIGO se mejoraron y comenzaron a operar como «Advanced LIGO»: el primero de una red global de detectores más sensibles.

LIGO, compuesto por esos dos enormes interferómetros láser, es el mayor observatorio de ondas gravitacionales y uno de los experimentos de la física más sofisticados del mundo. El laboratorio usa las propiedades físicas de la luz y el espacio para detectar las ondas gravitacionales, un concepto propuesto por primera vez en los años sesenta y setenta.

El hallazgo anunciado ayer abre una nueva puerta en la astronomía, porque, hasta ahora, los científicos han dependido de diferentes formas de luz (ondas electromagnéticas) para observar el Universo. Las ondas gravitacionales transportan información acerca del movimiento de los objetos en el Universo, y se espera que permitan observar la historia del Cosmos hasta instantes remotos.

El gran descubrimiento que supone la detección de estas ondas encierra la promesa de lo desconocido: poder mirar al Universo con un nuevo par de ojos que no dependen de la luz.

El físico Stephen Hawking, experto en los agujeros negros, coincidió en que el hallazgo supone «una nueva forma de mirar el Universo». «La capacidad de detectarlas tiene el potencial de revolucionar la astronomía», señaló a la BBC el físico teórico de 74 años, que añadió que supone «la primera prueba de un sistema binario de agujeros negros y la primera observación de agujeros negros fusionándose».

«Además de probar la Teoría de la Relatividad General, podemos esperar ver agujeros negros a lo largo de la historia del Universo. Podríamos incluso ver los vestigios del Universo primordial, durante el Big Bang», subrayó el físico.

La investigadora de la Universidad de Glasgow Sheila Rowan, que ha participado en el proyecto LIGO, describió su trabajo como un «viaje fascinante».

«Estamos sentados aquí en la Tierra observando cómo las costuras del Universo se estiran y se comprimen debido a una fusión de agujeros negros que ocurrió hace más de mil millones de años», reflexionó Rowan.

La Agencia Espacial Europea (ESA) se mostró «emocionada» tras el anuncio de que las ondas gravitacionales han sido detectadas, y se mostró «deseosa» de empezar, previsiblemente en marzo, su propia misión para probar las tecnologías que puedan extender su estudio al espacio.

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