11 de febrero de 2016
11.02.2016
TRIBUNA

Un hogar llamado Vía Láctea

11.02.2016 | 10:47

Tres cientos mil años. Ese es el tiempo que tardaríamos en cruzar nuestra galaxia de punta a punta si pudiésemos viajar a la velocidad de la luz. Pero no podemos. La velocidad de la luz, hasta donde sabemos, es inalcanzable. Si por el contrario viajásemos a la velocidad típica de un avión, tardaríamos 324 mil millones de años en ir de un extremo a otro. Y no les quiero contar si lo hiciésemos en transporte público. Así que efectivamente, nuestra galaxia, la Vía Láctea, es muy grande.


Pero empecemos por el principio. La Tierra es uno de los (por el momento) ocho planetas que forman el Sistema Solar. Este es un sistema planetario que se formó hace 4.500 millones de años y cuya formación y actual arquitectura (es decir, posición y características orbitales de sus planetas) todavía no hemos podido explicar. Todos los planetas giran en torno a una estrella, a la que en este caso llamamos Sol (del latín sol/solis). Debido a la rotación de la Tierra sobre su propio eje, todos los días vemos «salir» el Sol por el Este y «esconderse» por el Oeste. Por la noche, si miramos al cielo, podemos ver una gran cantidad de estrellas en el cielo. Todas las que conseguimos ver a simple vista pertenecen a un conjunto de estrellas ligadas gravitacionalmente al que llamamos nuestra galaxia. Debido a las enormes distancias que hay en el Universo, no podemos salir fuera de la Vía Láctea para tomar una foto de la misma. Sin embargo, si nos alejamos de la ciudad, podremos ver una mancha más densa de estrellas que cubre gran parte del cielo. Esa mancha es precisamente nuestra galaxia vista de canto.


Estimamos que la Vía Láctea está formada por más de doscientos mil millones de estrellas. Estas estrellas están situadas en su gran mayoría en un disco de trescientos mil años luz de diámetro por dos mil años luz de espesor. Es decir, la proporción entre su diámetro y su espesor es de 150:1. Para hacernos una idea de ello, esta proporción equivale a la que tendría un CD con un grosor tres veces inferior al real. Nuestro sistema solar se encuentra a medio camino entre el centro y el extremo del disco, a unos 150.000 años luz de distancia. En los últimos años se ha podido demostrar observacionalmente que dicho centro está ocupado por un agujero negro supermasivo llamado Sagitario A*, un objeto con tanta densidad que ni siquiera la luz puede escapar a su gravedad. Todas las estrellas de nuestra galaxia giran en torno a este agujero negro, formando una espiral en cuyos brazos se acumula una gran cantidad de estrellas, gas y polvo. El sistema solar se encuentra en el interior de uno de esos brazos, conocido como el brazo de Orión.


Una vez que conocemos la estructura de nuestra galaxia, cabe plantearse una cuestión trascendental: ¿Existe una región en la Vía Láctea en la que es más probable la presencia de un sistema planetario que pueda albergar vida?, o en otras palabras ¿existe una zona de habitabilidad galáctica? Los últimos estudios realizados indican que, efectivamente, sí existe tal zona. De esta forma, los sistemas planetarios situados entre el 25% y el 75% del radio galáctico (nosotros estamos en el 55%) y con edades entre tres mil y nueve mil millones de años (el nuestro tiene 4.500 millones de años) cumplen los requisitos para que alguno de sus planetas pudiera tener las condiciones necesarias para albergar vida. Sin embargo, este tema aún está abierto y se necesitan más observaciones para poder entender mejor estos límites.


Por último, mencionar que la Vía Láctea no es la única galaxia en el Universo. Cientos de miles de galaxias como la nuestra lo pueblan, agrupándose en estructuras a gran escala que aún estamos lejos de comprender. Las más cercanas son las Nubes de Magallanes, únicas galaxias que se pueden discernir perfectamente a simple vista en el cielo nocturno (eso sí, desde el hemisferio sur).


Mirar al cielo es, pues, un impresionante espectáculo que nos permite comprender la inmensidad del Universo y la infinitésima parte de él que ocupa la Tierra, ese «pequeño punto pálido azul» en el que vivimos, dentro de un hogar llamado Vía Láctea.

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