Ben Kingsley: «La traición o la lealtad están en nuestro ADN»

El actor, conocido por sus interpretaciones en grandes personajes históricos como Gandhi, Moisés o Lenin, encarna al visir Ay en la nueva serie Tutankamón que estrena Cuatro TV

27.12.2015 | 00:34
El actor Ben Kingsley se transforma en el visir Ay en la serie Tutankamón.

Ben Kingsley es experto en hacer intemporales a los grandes personajes históricos. Ha sido Gandhi, Moisés, Lenin o Pericles y ahora se transforma en el visir Ay, el poder en la sombra del faraón Tutankamón, en la miniserie que estrena el canal Cuatro estas Navidades.

«Desde el Antiguo Egipto todo y nada ha cambiado. Seguimos los mismos patrones de comportamiento. Los celos, el poder, la traición o la lealtad están en nuestro ADN. Las pasiones humanas son las mismas desde hace cuatro mil años», señala el actor, ganador de un Óscar y caballero de la Orden del Imperio Británico.

Intrigas cortesanas, batallas épicas, relaciones incestuosas y grandes dosis de exotismo son los principales ingredientes de Tutankamón, una ficción que trae al espectador contemporáneo la vida del faraón más joven del Antiguo Egipto.

Subió al trono con sólo 9 años, pero el control de su reino estaba en manos de su círculo más cercano, encabezado por el visir Ay, junto con el general Horemheb y el sumo sacerdote Amón.

Las tensiones políticas se desatan cuando Tutankamón alcanza la adolescencia -papel interpretado por Avan Jogia- y descubre que sus habitantes viven en la pobreza más absoluta, lo que le impulsa a encontrar la manera de hacer suyo el poder de facto.

«Ay es el poder en la sombra, un hombre muy importante que acabó siendo él mismo faraón», describe Kingsley. «Su gran habilidad es convencer a todo el mundo de que dice la verdad. Es un superviviente político y, en ese sentido, muy actual».

«El poder domina el mundo y nuestra vida diaria, el poder decide desde en qué gastamos nuestro dinero a quiénes pensamos que son nuestros enemigos y nuestros amigos. Y son decisiones que vienen de un grupo muy reducido de gente, para bien o para mal», reflexiona.

Incluso en la relación de los antiguos egipcios con los dioses, halla Kingsley ciertos paralelismos con el mundo contemporáneo.

«Estaban completamente fascinados con la idea del despertar de la tumba y encontrarse con los dioses. Nosotros tenemos nuestra propia versión de la inmortalidad, con los avances médicos y esas cosas», apunta.

Tutankamón murió en misteriosas circunstancias, sin dejar hijos varones, y fue Ay quien le sucedió en el trono. La causa de su muerte sigue siendo un misterio. Unos investigadores creen que fue la malaria, otros hablan de problemas de salud congénitos, al ser fruto de un probable incesto; y algunos apuntan a un asesinato.

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