Carmen Iglesias
Presidenta de la Real Academia de la Historia 

Carmen Iglesias: «En Cataluña se ha enseñado una historia falseada»

«Detrás del Daesh hay conflictos tremendos y heridas internacionales. No olvidemos que a los primeros que asesina el EI son a los suyos», recuerda la presidenta de la Real Academia de Historia

03.12.2015 | 01:09
Carmen Iglesias: «En Cataluña se ha enseñado una historia falseada»

La dedicación al estudio desde que era una niña, hija única, marcada por las ausencias de sus padres, y su decidida voluntad de ser alguien, bailarina del Ballet de Nueva York, por ejemplo, han llevado a Carmen Iglesias a ser la primera mujer que ocupa la Presidencia de la Real Academia de la Historia, después de haber presidido un gran grupo de comunicación y de ejercer como profesora del Rey Felipe VI y tutora de la Infanta Cristina.

Carmen Iglesias, «un bicho raro» durante su niñez y adolescencia que se llegó a inventar una hermana mayor para contarle sus sueños, se revuelve al escuchar «las falsedades» históricas que propagan los nacionalistas catalanes que «ocultan» las investigaciones de Vicens Vives en las que se dejaba claro que se puede ser español y catalán al mismo tiempo. Iglesias advierte de forma enérgica a los jóvenes que no se puede confundir la democracia con la mayoría porque es más importante el imperio de la ley a la vez que denuncia la «demagogia» imperante en la Facultad de Políticas de la Complutense de Madrid en la que nació Podemos para hacer una clara distinción entre el grupo de Pablo Iglesias y el de Ciudadanos, «que lleva diez años plantando cara al nacionalismo».

¿Son acaso la CUP y Carme Forcadell el resultado de las enseñanzas recibidas en los colegios catalanes?
En parte sí, pero el principal problema es el modelo de Educación que se instauró. Es un modelo extensivo y muy fragmentado en el que se perdió el valor del esfuerzo y se trató muy mal a los profesores, sobre todo, de enseñanza secundaria, a los que se les cortaron las alas. Se olvidó que la enseñanza cívica es importante sobre todo tras 40 años de dictadura. Nadie ha educado a los jóvenes sobre el valor de la democracia y se creen que la democracia es siempre la mayoría cuando lo que es fundamentalmente es el imperio de la ley.

¿Hasta qué punto ha sido un error haber transferido Educación a las comunidades autónomas?
Fue un error clarísimo en el que la asignatura de Historia se llevó lo peor. Los jóvenes no saben Historia y se quedan con tópicos ideológicos que lanzan los políticos de turno. Los chicos solo conocen los ríos hoy en día por el tramo por el que pasan en sus comunidades autónomas. Ni saben dónde nacen ni dónde desembocan. Otra cosa son las políticas lingüísticas de inmersión que se han aplicado en las comunidades autónomas nacionalistas olvidando que la lengua común es un vehículo importantísimo de movilidad social. Lo que se ha hecho es tratar peor a los más desfavorecidos que se ven obligados a asistir a una enseñanza pública poco eficaz. Están creando mano de obra barata.

¿Debería recuperar el Estado las competencias en Educación?
Desde luego que debería de existir un tronco común, el mínimo, para Lengua, Historia, Humanidades, Ciencias y Matemáticas.

¿Se puede enseñar la historia de un país con objetividad?
Se puede enseñar hasta donde llega la investigación, con distancia y explicando distintas interpretaciones de un hecho. Los hechos son los hechos y no se pueden tergiversar como hacen algunos vascos y algunos catalanes. Hay que desconfiar del que dice que la historia no existe porque lo que pretende es imponer su propia historia. La historia tiene siempre un elemento narrativo y un principio de incertidumbre.

Dice el historiador Josep Fontana que la formación de Cataluña como pueblo se remonta al siglo XIII, cuando pasó de Estado feudal a ser el «primer Estado nación moderno de Europa». ¿Qué opina usted?
No quiero entrar en polémicas pero ahí está el libro de Roberto Fernández, Premio Nacional de Historia con Cataluña y el absolutismo borbónico y todo lo publicado el año pasado sobre la Guerra de Sucesión y el Tratado de Utrecht.

¿Cuál sería el mensaje de Vicens Vives al pueblo catalán de hoy?
Diría lo que dejó escrito: que hay que apostar por la moderación y que se puede ser al mismo tiempo español y catalán. Es una pena que la magnífica historia escrita por Vives esté hoy oculta en Cataluña.

¿Hay algún precedente histórico en el que la extrema izquierda, los antisistema y la derecha estén a punto de ponerse de acuerdo para apoyar un Gobierno de concentración?
No como se pretende hacer en esta ocasión en la que pactan personas que desconocen la historia, analfabetos radicales, antisistema y anarquistas de los malos.

Hace poco, el primer ministro francés Manuel Valls, de orígenes catalanes, afirmó tajante que en Francia sólo hay un pueblo: el francés. ¿Por qué el Estado español es tan débil respecto del francés?
¡Cómo envidio a los franceses! Ellos han cerrado filas, no como nosotros durante el 11-M de 2004, cuando los políticos utilizaron una tragedia para tirarse los trastos. Es curioso porque la unificación de la lengua francesa se hizo en el siglo XX. La tradición jacobina hace que el francés sea francés. En España padecimos una dictadura demasiado larga. La sombra del franquismo es aún muy alargada y el péndulo antifranquista está cometiendo defectos similares a los que cometió Franco.

¿Hasta qué punto se puede enmarcar la radicalización independentista en los recortes producidos por la crisis y en la amenaza de los inmigrantes?
No sé hasta qué punto influyen esos fenómenos en esta radicalización. Lo cierto es que el nacionalismo es por definición xenófobo y en el caso de Cataluña tapa una corrupción que comenzó con Pujol y en la que Madrid miró hacia otro lado.

¿Se puede ser marxista y nacionalista sin caer en la incoherencia?
Se cae en la incoherencia total porque el marxismo tiene un espíritu cosmopolita, universal y de revolución total, aunque luego tiene también esa parte delirante del marxismo-leninismo que provocó millones de muertes.

Los franceses cantaban con orgullo La Marsellesa tras los brutales atentados de París, cosa que no haríamos los españoles en similares circunstancias ¿quizá porque la Transición no consiguió cicatrizar las heridas de la Guerra Civil y del franquismo o porque nunca hemos tenido un sentimiento nacional tan firme y tan asumido como el de los franceses?
El principal problema es que los responsables de hacer esa Transición fueron unos pusilánimes. Se ve hasta en la Ley Electoral, que se puede cambiar sin necesidad de tocar la Constitución y no se ha hecho nunca. Si esa ley se hubiese modificado nos hubiéramos ahorrado la presión nacionalista. Esa ley ha fomentado la corrupción política. El poder político, con el monopolio de la fuerza y el Boletín Oficial, perdió el sentido de la realidad.

¿Por qué tenemos tan escaso respeto por los símbolos españoles, un tema que usted coordinó cuando dirigía el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales y que mereció el Premio Nacional de Historia de España en 2000?
Por la larga duración del franquismo que dio a esos símbolos el carácter de un solo sector y que ahora rechazan con virulencia los del péndulo antifranquista.

¿Habría encontrado la misma unanimidad en España que ha tenido en Francia la enérgica declaración de guerra del presidente Hollande como respuesta a los recientes ataques terroristas de París?
Me temo que no. En España se ha desarrollado un buenismo y confusionismo total. Estamos en una perspectiva de conflicto de obligaciones. Queremos defender los valores de libertad del individuo sin darnos cuenta de que esos valores sirven también para destruirnos cuando no son asimilados ni aceptados por otras culturas que entran en el país. A Occidente le ha costado siglos, dolor y guerras lograr que el individuo esté por encima del grupo y que el mérito se valore más que el lugar de nacimiento. Los nacionalistas regresan ahora con el criterio del nacimiento y vuelven a lo peor del antiguo régimen. Lo malo es que estas malas prácticas e ideas son contagiosas y el pensamiento totalitario del nacionalismo se extiende por la sociedad. Es una locura, un delirio que hace renacer los Reinos de Taifas, y es además un despilfarro.

¿Cuál es su lectura del acuerdo de la izquierda municipal de Córdoba de guardar también un minuto de silencio por las víctimas de las operaciones antiterroristas francesas?
Es una hipocresía total querer igualar a los verdugos con las víctimas.

¿Está usted de acuerdo con el Papa Francisco en que estamos en medio de una tercera guerra mundial?
Soy historiadora, no futuróloga, y lo que puedo decir es que todos los momentos de la historia son complicados. Cuando se leen las crónicas nos damos cuenta de que vivimos temiendo el Apocalipsis desde el siglo I. El conflicto es inherente al ser humano y por eso es importante estar en la línea de la realidad. Las dictaduras, precisamente, van contra esa realidad que por ejemplo se esconde en Cataluña.

¿¿Qué hay detrás de Estado Islámico o Daesh?
Conflictos tremendos y heridas internacionales. No olvidemos que a los primeros que asesina el EI son a los suyos. Hay una gran guerra entre suníes y chiítas. El islamismo no ha tenido ni Renacimiento ni Ilustración. Renunció a la ciencia que no estuviera en el islam ya en el siglo XII. Además, el islam desde el punto de vista de las ideas tiene el problema de no separar la política de la religión, lo que hace que el Corán intervenga en la vida cotidiana de cada cosa.

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