24 de octubre de 2015
24.10.2015

Bruckner y la Orquesta de Valencia

La formación llega por primera vez al Auditorio de la Diputación de Alicante bajo la dirección del maestro Yaron Traub

24.10.2015 | 20:30
Bruckner y la Orquesta de Valencia

Orquesta de Valencia

Alicante, ADDA, 24 octubre 2015 20 horas.

Yaron Traub, director.

Anton Bruckner

(Ansfelden,1824- Viena, 1896)

Sinfonía número 8, en do

menor (A 117)

Primera presencia, en la quinta temporada sinfónica del Auditorio de la Diputación de Alicante de la Orquesta de Valencia, con su titular al frente, el maestro Yaron Traub. Si el 23 de abril del año próximo tienen previsto abordar el Réquiem alemán de Brahms, en esta ocasión afrontan otra obra grande ya que la Octava está considerada la más monumental de las sinfonías bruckerianas.

Bruckner nació en la Alta Austria en una familia de maestros y fue un músico autodidacta hasta los 30 años de edad, compaginando su trabajo de maestro de escuela en pequeñas poblaciones con sus primeros pasos como organista. En 1865 asistió en Munich a la primera representación de Tristán e Isolda, y conoce a Wagner al que veneraría. Tres años más tarde fue nombrado profesor de armonía y contrapunto en el Conservatorio de Viena y organista de la corte. Como compositor, fue autor de siete Misas, un Te Deum y diez sinfonías, aunque de la primera de las mismas, en re menor, renegó en 1895 por lo que ha sido denominada la «sinfonía cero». Sus sinfonías fueron inicialmente controvertidas y él mismo, muy perfeccionista, las rehizo en varias ocasiones por lo que hay ediciones diversas de varias de ellas. Su éxito definitivo no lo consiguió hasta 1884 con el estreno en Leipzig de su Séptima, la más frecuente todavía hoy, con la Cuarta, en la programación de las grandes orquestas. Pero sería la Octava, que escucharemos hoy, la que conquistaría incluso al conservador público vienés.

La sinfonía número 8, en do menor, es el fruto de tres años de trabajo. En 1884 inicia un boceto que concluye un año más tarde. Durante el verano de 1887, en su residencia de San Florián, finaliza la partitura. En plena fiebre de revisiones de sus sinfonías, Bruckner modifica entre 1887 y 1890 las ediciones de la Tercera, la Primera y también de esta Octava que todavía no había sido estrenada. Por eso existen dos versiones «definitivas», la de Haas, un poco más larga (85 minutos), y la de Nowak, que es la de 1890 autentificada por el propio Bruckner, que es la que escucharemos hoy (de 75 a 80 minutos). Estaba dedicada al emperador de Austria Francisco José I y fue estrenada el 18 de diciembre de 1892 en Viena bajo la dirección de Hans Richter, uno de los directores, con Gustav Mahler, defensores del sinfonismo de este autor de finales del romanticismo músical.

La Octava se ha subtitulado a veces como la «sinfonía del Destino», por analogía con la Quinta de Beethoven, también en do menor. Mientras en el autor de Bonn es el hombre quien afirma finalmente su victoria, en Bruckner, católico ferviente, es el artista quien tiene por misión revelar la verdad divina y luchar por esa revelación. La Octava expresa esa lucha, con sus derrotas y esperanzas, no tanto un «destino». Otra analogía con Beethoven es que el segundo movimiento de la Octava es un Scherzo, como hizo el alemán en su Novena y repetiría Bruckner también en su futura novena sinfonía. Bruckner amplía en la Octava los efectivos musicales en un número sólo alcanzado hasta entonces por las composiciones de Berlioz, aunque Mahler les superaría después en varias de sus sinfonías.

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