En el día del cáncer de mama

19.10.2015 | 00:24
El lazo rosa es el símbolo de la lucha contra el cáncer de mama.

Algo positivo y algo negativo. Lo negativo. El cáncer de mama es, detrás del de pulmón (del bronquio), el más frecuente del mundo occidental, y el primero entre los que afectan a la mujer. Su frecuencia es mayor entre los 50 y 60 años, y aunque es poco frecuente en menores de 35 años, esta circunstancia está aumentando en los últimos años. Supone uno de cada 8 cánceres, y causa una de cada 40 muertes por cáncer. En España se diagnostican cada año unos 22.000 casos. Lo positivo: es que se cura en casi el 85% de los casos.


Sorpréndase, no es un tumor único. Aunque hablamos del cáncer de seno o de mama, en ella pueden surgir numerosos canceres. El seno femenino está compuesto de grasa, de unos lobulillos, que son glándulas muy pequeñas, que en determinadas circunstancias elaboran la leche y unos conductos por donde la vierten al exterior. Todas ellas tienen células, y si una crece descontroladamente puede originar un tumor maligno. Además tiene venas, arterias, vasos y ganglios linfáticos.


¿Qué podemos hacer para evitarlo? La verdad, no mucho, sin embargo podemos hacer mucho para detectarlos antes. Sepa que desde que la primera célula inició su transformación, con un crecimiento descontrolado, como mide unas 10 milésimas de milímetro, y no la vemos, pasaron unos 7 años, es decir, se ha dividido mil millones de veces, y entonces mide un centímetro, se nos escapó todo ese tiempo. Y sepa que cuanto antes lo detectemos, cuanto más pequeño sea, su pronóstico es mejor.


¿Cómo puede sospechar que lo padece? A veces aparece un nodulito en una mama, por lo que conviene que se acostumbre a autoexplorarse al menos una vez al mes. En otras ocasiones puede aparecer como un ganglio linfático aumentado de tamaño, bien en la axila o el cuello por encima o debajo de la clavícula. Son sitios donde las células tumorales hacen parada antes de extenderse por todo el cuerpo. Más raro es que el pezón sangre, esté retraído o la piel esté hinchada o arrugada. No todos los nódulos en el seno son un cáncer; otras enfermedades benignas de la mama (mastopatia fibroquistica) también le causan nódulos.


¿Importa mucho asegurarse de cuál es la célula que crece incontrolada? De igual manera, debe acudir a todos los chequeos preventivos que la sociedad le ofrece. Le explorará un sanitario, y en caso de duda le hará pruebas de imagen, que mejoran lo que se puede apreciar con el tacto: mamografías, ecografías e incluso punción del nódulo con una aguja fina y guiada por ecografía. La obtención y estudio por el anatomopatólogo de sus células aseguran su existencia y permite conocer la célula que lo origina, incluso qué estructura o marcadores tiene y con ello si responderán a ciertas hormonas o fármacos. Con frecuencia son las de los lobulillos o glándulas diminutas de la leche (el adenocarcinoma), pero puede ser de los conductos (cáncer ductal) u otros menos frecuentes (Paget).


¿Y si está diseminado? A partir de su confirmación hay que determinar su extensión por el cuerpo; se hace según su tamaño (T), si hay ganglios afectos (N del inglés node) y (M), es decir, metástasis o afectación de otros órganos a distancia porque las células cancerosas viajaron hasta allí por venas o linfáticos. Con ellos se configuran estadios, de 1 a 4, el primero si el tumor es pequeño y está localizado y el 4º si el tumor está muy extendido y es grande. Para saberlo el oncólogo o ginecólogo le hacen estudios variados, desde las radiografías clásicas a TAC; RNM; TAC- SPECT, o valora ciertas sustancias que el tumor puede verter a la sangre, son los llamados marcadores etc..


¿Y cómo se trata? Si está localizado, la radioterapia, la quimioterapia y/o la hormonoterapia,  solas o combinadas, pueden solventar el problema. Los tratamientos deben valorarse de forma multidisciplinar dentro de los llamados Comités de tumores que reúnen a los expertos de cada especialidad que intervienen en el tratamiento de los tumores y valoran cada caso de forma individual. La cirugía puede extirpar sólo el tumor (lumpectomia o nodulectomia), o la mama entera (mastectomía). Si el tumor está extendido habrá que usar terapias que sean capaces de destruir las células malignas allá donde se encuentren. Quimio y hormonoterapia son las indicadas; a veces se usan para reducir el tamaño del tumor y facilitar las otras terapeuticas. Debe saber que la quimio es cada vez más tolerable, aunque no negamos que puede ser incomoda. Recientemente apareció un estudio en el que en algunos casos cuyas células tenían determinados marcadores se les podían administrar sustancias que cambiaban la inmunidad y así la quimio sólo actuaba sobre las células cancerosas, dejaba las intactas y no aparecían los efectos indeseados más frecuentes: caída del pelo, cansancio pérdida del apetito, náuseas o vómitos.


¿Cómo se origina? Como en casi todas las enfermedades tenemos genes que le favorecen, y que por ahora no podemos evitar, pero influyen los factores ambientales, y esto sí puede cambiarlos. Cambios en nuestra sociedad podrían evitar 7 de cada 10 de los cánceres que surgen. Y de hecho los inmigrantes sufren tumores malignos según el patrón de donde viven. Así sucede con la mama, entre las afectadas suele haber familiares que los tuvieron, si fueron muchos. También si se sufrieron antes de la menopausia o fueron bilaterales.


¿Qué cosas ayudan a evitarlos? Si es así, incremente su autoexploración mamaria, haga dieta rica en cereales y antioxidantes, haga ejercicio, lleve vida sana, elimine el estrés y no fume. Debe saber que su riesgo aumenta si se hace obesa tras la menopausia. Se ha dicho que también aumenta el riesgo si por la menopausia recibe terapia hormonal que combina estrógenos y progestágenos.


Cuando le den el tumor por curado, siga haciéndose controles hasta años después. Puede suceder, sobre todo en caso de estadios avanzados que el tumor reaparezca mientras se trata, ha recaído, o que reaparezca, incluso mucho tiempo después y en sitios alejados después de darle por curado.


* También firman este artículo Dras. Nieves Díaz y Cristina Ángeles, oncólogas del Hospital Universitario de San Juan.

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