Javier Gomá
Filósofo y ensayista 

«Quien ve el mundo con dimensión histórica, el futuro lo percibe con razonada esperanza»

«Las últimas novedades tecnológicas las vivo con gozo y con ilusión, como evoluciones de la historia», afirma

19.09.2015 | 04:22
«Quien ve el mundo con dimensión histórica, el futuro lo percibe con razonada esperanza»

Estudió Filología Clásica, se doctoró en Filosofía y cursó Derecho. Premio Nacional de Ensayo, director de la Fundación Juan March y autor de numerosos artículos y libros –recopilados en tomos como Tetralogía de la ejemplaridad o Razón: portería–, Javier Gomá (Bilbao, 1965) mantiene que el corazón no solo es un músculo salvaje sino que también se educa y de ello habló ayer en el Club INFORMACIÓN.

¿En qué consiste ese modelo de nueva ciudadanía basada en la amistad?
Bueno, para explicarlo yo hablo de un ensayo de Montaigne, el texto más célebre escrito sobre la amistad, por la relación que mantuvo con su amigo Étienne de la Boétie, la amistad perfecta. El defecto que yo saco a ese ensayo es que excluye la amistad perfecta con una mujer, cuya relación solo se da, según él, por motivos económicos, matrimonios de conveniencia, o por instinto sexual. También lo explico con un vídeo donde el actor y académico José Luis Gómez hace una lectura de un ensayo mío, Viejo amor, en el que se diferencia el eros del amor y de la amistad. El tiempo conspira en contra del amor, mientras en la amistad el tiempo hace que vaya a más, el viejo amigo es el ejemplo. ¿Cómo conseguir las dos cosas: la intensidad del amor y la duración de la amistad? Poniendo el eros en alguien digno de la amistad.

Usted propone educar el corazón. ¿Cómo se hace?
Hablamos tradicionalmente de la educación sentimental, de las inclinaciones, de los sentimientos, de la espontaneidad, no solo de la praxis. La verdadera educación es la que te enseña un sentir. En los últimos siglos hemos recibido una educación sentimental que ha sido básicamente una educación para la libertad frente a las supresiones habidas, y ha sido muy positivo, pero también tiene un inconveniente, que los límites a esa libertad tienden a verse negativos, esclavizantes y ofensivos, pero yo muestro cómo determinados límites pueden ser propicios y buenos. Vivir civilizadamente y ser ciudadanos con determinadas reglas hacen posible la convivencia.

Como cuando se educa a los hijos poniéndoles límites...
Eso forma parte de la educación sentimental, y cuando tenemos un hijo deseamos que ojalá le guste lo bueno y repudie lo malo. Necesitamos una nueva educación sentimental que nos haga ver que hay determinados límites que no te empobrecen, sino que te enriquecen y te hacen más felices. Un ejemplo de ello es el lenguaje, una creación social que nos limita con unas reglas si queremos comunicarnos, pero si las empleamos sabiamente no te empequeñecen, te sacan del animalismo y te permiten comunicarte con los demás y con uno mismo. Otro ejemplo es la amistad, que se elige por inclinación personal, y cuando tienes un buen amigo dices que «le tienes ley». Y eso te restringe y te limita, porque sabes que habrá cosas que no le harás jamás, pero no te empobrece. Estas metáforas son buenas para esa educación del corazón que afecta positivamente a la relación de la ciudadanía.

Amistad, precisamente, no parece que haya ahora entre Cataluña y el resto de España.
La amistad en sentido estricto es siempre entre individuos. Las relaciones entre territorios se rigen por otras reglas. Pero sobre esa cuestión yo me preguntaría qué preferimos: un pueblo más o ir todos hacia un solo pueblo. Si vamos hacia la confluencia de pueblos –con independencia de su raza, religión, condición sexual...–, a la humanidad, ¿la creación ahora de un nuevo pueblo ayuda a ese proceso o lo desvía, lo estorba?

¿La amistad personal hoy se mide a través de Facebook y de los seguidores en las redes sociales?
No vivo con recelo nada de eso. Las últimas novedades tecnológicas las vivo con gozo y con ilusión, como evoluciones de la historia. Las redes sociales normalmente son neutras y a veces las comparo con un cuchillo, que sirve para cortar el pan y compartirlo con alguien y también para clavar el cuchillo a alguien. Dependerá del uso que hagas de ellas. Las redes sociales te van a hacer más libres, pero el juicio moral dependerá de cómo las usemos, pero no debemos renegar de ese espacio nuevo de libertad.

Usted ha buceado mucho en sus libros sobre la ejemplaridad, un término del que parece que andamos escasos hoy, pero mantiene que vivimos el mejor momento de la historia.
Sí, cuando digo eso siempre me acaban dando la razón los escépticos (ríe). Yo lo explico en dos artículos (Somos los mejores y Visión culta y corazón educado) que escribí. Mi tesis es que si pensamos en los últimos siglos, a largo plazo, en qué otra época nos habría gustado vivir, sin saber el lugar que íbamos a ocupar; si preguntamos en qué época te gustaría ser pobre, inmigrante, enfermo, disidente, mujer, preso, homosexual... Todo el mundo acaba diciendo: «Ahora». Así que algo habremos hecho bien para que digamos «ahora». Yo no soy optimista, porque el optimista anticipa el futuro y el futuro no está escrito, pero quien ve el mundo con dimensión histórica, el futuro lo percibe con razonada esperanza. Es probable que en el futuro estemos mejor, tanto en lo material como en lo moral, visto cómo ha transcurrido el pasado.

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