La hilarante historia de los «baby boomers»

Ignacio Elguero disecciona la historia de la segunda mitad del siglo XX a partir de acciones, objetos y situaciones que el tiempo ha eliminado

14.09.2015 | 03:17
La hilarante historia de los «baby boomers»

Intensos recuerdos de vivencias, reglas y sueños del pasado reciente, grabados con fuego en el alma pero rápidamente eliminados para siempre de nuestra actual vida cotidiana por un tiempo implacable y justiciero constituyen la crónica nostálgica de Ignacio Elguero (Madrid, 1964). El director de programas de Radio Nacional de España, poeta y escritor, ofrece una profunda disección de los cambios generacionales de la segunda mitad del siglo XX, en su última obra, Cosas que ya no? (Planeta).

El autor recupera un mundo que se ha esfumado con los vendedores de enciclopedias o las chicas Avon que llamaban a la puerta de tu casa, los chicos a punto de enamorarse de Farrah Fawcett mientras las niñas que lucían hombreras soñaban con Rob Lowe. Todos, marcados con la vacuna contra la viruela, rezaban al acostarse Cuatro esquinitas tiene mi cama y los más osados, tímidos y asustados por la imperante y castrante moral católica, soñaban con darse el lote con la vecina del barrio en un animado guateque.

«Darse el lote era quedarse a medio camino entre el tonteo y la cama», rememora Elguero al referirse a esta expresión «vulgar y ordinaria, pero bastante frecuentada por los adolescentes» de la época.

Elguero ha querido dividir esta hilarante y peculiar visión de la historia de la generación baby boom en tres partes para reescribir con un guiño de morriña todo aquello que ya no decimos, lo que no hacemos y lo que ya no existe. Cualquiera que haya cumplido los 30 años revivirá en su memoria las situaciones que, a modo de crónica periodística mordaz, ha recopilado el autor a lo largo de 256 páginas.

«He querido retratar a esa generación que nació entre finales de 1950 y principios de 1970», explica Ignacio Elguero antes de diseccionar, partiendo de la reflexión, la crítica, la ironía y hasta la poesía, un «mundo que se nos ha ido muy rápido», encuadrado en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta.

Apoyado en un estilo impresionista, impulsivo e intuitivo, el periodista vuelve la mirada atrás sin cortapisas y reconoce que no siempre el pasado fue mejor. «Hemos superado en gran medida esa mirada machista que existía en aquellas épocas», en las que las solteras se quedaban «para vestir santos», celebra. Ya a ninguna mujer se la desprecia por no llegar virgen al matrimonio porque en aquellos años, «se llegaba virgen, o al menos se aparentaba, porque lo contrario no estaba muy bien visto. O se era decente o una chica fácil».

También «nos hemos sacudido el sentimiento castrante de la religión y han desaparecido las ideas y supersticiones vinculadas con la medicina que no eran más que el fruto de un escasísimo desarrollo tecnológico», añade.

«Los niños y niñas del siglo XX crecían pensando que el relente era un señor molesto, que te obligaba a meterte en casa cuando atardecía; que la digestión y baño iban reñidos, y que a cierta edad, sí o sí, te operaban de anginas», relata con humor Elguero.

Frente a esos lastres superados, el escritor se lamenta de la «fulminante» desaparición de otras costumbres. «Se ha ido el sentido de la educación, del respeto, de la vecindad y de las relaciones personales cercanas y de barrio», expone antes de reconocer que echa de menos a los niños que sin descanso inundaban los parques de las ciudades con todo tipo de originales juegos y juguetes que heredaban de los hermanos mayores. «¡Cómo valorábamos los pocos regalos que recibíamos!», exclama con nostalgia el autor de Cosas que ya no....

Ve poco acertado el olvido del estudio de asignaturas relacionadas con las humanidades y evoca con añoranza el latín obligatorio que a todos los que hicieron la EGB, el BUP y el COU les llegaba en segundo de Bachillerato Unificado Polivalente. «Había que ponerse primero con lo de las declinaciones, después los verbos y sus cuatro conjugaciones, y el qod, el quídam, el dolo y el nolo, el ut, el ille, el altior y así hasta completar la gramática latina» pormenoriza, «pero una cosa era la teoría y otra la práctica» para traducir cual legionario de Julio César La guerra de las Galias.

Elguero gestó Cosas que ya no? mientras escribía Leif Garret en el dormitorio de mi hermana (Planeta) para centrarse en la generación que creció entre 1970 y 1980. «Fui anotando todas esas cosas que se habían perdido de una forma rapidísima y casi sin darnos cuenta», confiesa. Al final se hizo con 400 apuntes que pulió hasta completar un puzzle de curiosas mezclas de actos, objetos, situaciones y gestos de no hace mucho que para los más jóvenes suenan hoy a prehistoria.

«Ya nadie hace la mili obligatoria, ni lleva a revelar el carrete de fotos, no se hierve la leche ni se paga con mil pesetas, tampoco se leen tebeos ni se fuma en clase», ejemplifica Elguero al animar a los lectores a adentrase en un mundo plagado de testimonios de cosas «que ya no decimos, no hacemos o, sencillamente, no existen».

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