Manzanares corta una oreja en una tarde para la reflexión

El encierro de Juan Pedro Domecq desesperó al público y poco permitió a Ponce y a Morante en Bilbao

27.08.2015 | 00:50
Manzanares corta una oreja en una tarde para la reflexión

La faena al sexto de Manzanares ayer en Bilbao contuvo la poquísima historia de la tarde. Un colorao de Juan Pedro Domecq que tuvo movilidad para que el alicantino midiera a media altura sus alegres y francas embestidas, sobre todo por el pitón derecho. No hubo profundidad porque no pudo bajarle la mano, ya que se hubiera consumido demasiado rápido el combustible del toro. Hubo buenas tandas con la diestra, solo una y poco ligada al natural, un argumento demasiado repetido. Sobresalió un cambio de mano y la sensación de que Manzanares dominó el escenario en todo momento. Muy profesional, siempre elegante, aunque cada día con menor hondura y naturalidad. Una oreja tras un estoconazo. Eficacia y espectacularidad en la suerte suprema.

La faena de Enrique Ponce al que abrió festejo, que blandeó como todos sus hermanos, pagó la frialdad de romper la tarde. La técnica del valenciano propició una tanda al natural exquisita y varias fases con la derecha de mucho mérito, suaves y con un temple prodigioso. El mal uso con la espada dejó todo en saludos desde el tercio.

Y entre el primero y sexto, nada. Cuatro toros feotes de hechuras, grandones, zancudos y lejísimos de la morfología propia de este hierro. Para mayor desolación, descastados, deslucidos y blandeando en exceso. Cuando llegan las figuras, ya se sabe, la cuerda de la bravura se tensa demasiado. Apuntar una cogida sin consecuencias del banderillero «El Lili», de la cuadrilla de Morante, al que solo se le adivinó en un trincherazo al comienzo de la faena a su primero. Por lo demás, inédito, afligido y sin posibilidades. Como Ponce en el cuarto o Manzanares en el tercero, cuya flojera apenas le dejó dibujar muletazos sin contenido ni emoción. Cómo está la fiesta, que con tanto veedor y tanto bombo se les ocurre lidiar semejante ganado. En plaza de primera llena y con televisión mediante. La osadía de quien no tiene nada que perder y se llena los bolsillos. O vuelve el toro que se mueve y emociona y los toreros que les puedan, o la monotonía acabará con esta fiesta de aburrimiento.

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