14 de agosto de 2014
14.08.2014
Paquito d'Rivera, saxofonista

«Es increíble la cantidad de comunistas de cafetín que hay en España»

14.08.2014 | 14:05
«Es increíble la cantidad de comunistas de cafetín que hay en España»

Niño prodigio y virtuoso de la música en la Cuba de los años 50 y 60. Sus opiniones sobre el régimen castrista son furibundas. A uno le tienta quitarse el sombrero ante un tipo con doce premios Grammy. «No, póntelo, que con este sol te va a hacer mucha falta», dice entre carcajadas.

¿Don Francisco o Paquito?
Paquito, Paquito. Es mi nombre oficial. Ya me lo cambié.

¿Su vida saxual (con a) es mejor a los 66 años?
[Ríe] Yo pienso que sí. Hasta ahora me va muy bien.

¿Como niño prodigio también fue feliz?
Muy feliz, porque mi padre era un músico de éxito retirado [Tito d'Rivera], importaba instrumentos y su casa siempre estaba llena de músicos. Tuve una familia grande y feliz? Todavía se podía ser feliz en aquel tiempo en el país ese.

Y tras doce Grammy, ¿los premios dan la felicidad?
Yo nunca he vivido para los premios. Aprecio cuando me distinguen, pero hay tantos artistas maravillosos que nunca han recibido premios? Y hay otros premiados que deberían pagar para que les dejaran cantar [ríe].

¿Qué tiene que ver su música actual con el Quinteto Cimarrón con la mítica Irakere?
La culpa de esto la tiene Cristina Pato, la gaitera gallega que me invitó a su festival Galicia Connection y llevó como sorpresa al Quinteto Cimarrón, cinco jóvenes músicos cubanos que viven en A Coruña. Fue como amor a primera vista. Empezamos enseguida a tocar juntos y en menos de seis meses ya estábamos grabando.

¿La improvisación es lo que separa el jazz de la música clásica?
Sí, pero no tiene por qué ser así. Bach y Mozart fueran grandes improvisadores, pero se ha convertido en un tabú para la música clásica. No sé por qué. Le ha cogido terror. Dicen que la mejor manera de que un guitarrista de rock baje el volumen es ponerle una partitura delante. ¡Y la mejor forma de que un guitarrista clásico pare de tocar es quitársela!

Además de poder tocar en guayabera, el jazz le da otras libertades, ¿no?
A mí el esmoquin no me molesta. Estoy acostumbrado a usarlo, aunque con el calor que hay aquí mejor no ponérselo, ¿no cree?

Usted manda. ¿Tener discográfica propia [Paquito Records] es también por libertad?
Sí. Este negocio es malo, entré cuando ya no funcionaba, pero el disco siempre será una necesidad. Es lo único que queda: las composiciones y las grabaciones.

¿El exilio, la salida definitiva de Cuba, es el peor momento de su vida?
Sí. El exiliado es como el huérfano: ya nunca es completamente feliz. Siempre hay algo que se interpone en su felicidad. Pero como decía el gran comediante cubano Guillermo Álvarez Guedes, es mejor llorar con un plato delante aquí que morirse de hambre allá [ríe]. Hay que tomarse la vida con sentido del humor.

¿Se pueden vivir dos vidas en una [su mujer e hijos quedaron en Cuba en 1981]?
Sí. Eso sí. El exiliado queda marcado para toda su vida? Sobre todo cuando uno viene a un sitio donde hay todavía gente empeñada en defender esa porquería de régimen? Es increíble la cantidad de comunistas de cafetín que hay en el país este.

¿A qué atribuye la defensa de Fidel Castro en España: complacencia, el peso de la utopía??
Pero lo hacen de lejos. Ninguno se muda pa'allí [ríe]. Ahora estaba leyendo la recomendación de un gallego que había puesto un bar en la Marina Hemingway. Hay un libro nuevo que se llama Mi socio Fidel Castro. ¿Lo conoce?

No.
Pues lo escribió un francés que puso allá una cadena de panaderías, Pan de París. El socio no era el Estado cubano, sino directamente Fidel. Para no alargarme: el barbudo se cansó de que el otro ganara más dinero y lo sacó a patadas. Y entonces él escribió un libro denunciando los abusos de poder. ¿Tuvo que ocurrir todo eso para que se diera cuenta, pero si pasó siempre? Mi mamá le llamaba la revolución del callo: la gente sólo canta cuando le pisan el callo. Pero la vida es así. Antes celebraban a Stalin y Mao, ahora es el Che.

Un icono pop ya?
Acabo de ver a una muchacha bella con el Che tatuado en una teta. Le dije: si tú supieras la clase de pieza que llevas marcada? ¡Eso produce cáncer!

¿Qué hizo ella?
Se echó a reír, no sabía de qué hablaba. Pero eso sentada en una rambla con un trago en la mano, un sandwich y un iPhone Es tremendo, ¡el Che y un iPhone! Pero la vida está llena de contradicciones.

¿No pierde la esperanza de volver a pisar tierra cubana?
Dicen que es lo último que se pierde, pero ese país no tiene nada que ver con lo que dejé atrás.

¿Vio la película de Trueba y Mariscal Chico y Rita?
¡Qué bonita!, ¿verdad? Muy linda? Muy talentosos.

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