Buscar el punto entre el sexo ñoño y el vulgar

La traductora Sheherezade Surià afirma en la UA que lo más difícil al trasladar una novela erótica a otro idioma es que los diálogos resulten «naturales»

22.10.2013 | 09:12
La especialista en traducción erótica Scheherezade Surià, abrió ayer las jornadas.
La especialista en traducción erótica Scheherezade Surià, abrió ayer las jornadas.

El salón de grados de la Facultad de Derecho de la Universidad de Alicante se llenó de alumnos ayer a las 9.30 de la mañana. Comenzaban las II Jornadas del Día del Traductor organizadas por los estudiantes y lo hacían con una conferencia sobre la traducción erótica a cargo de Sheherezade Surià, especialista en este tipo de novelas, que se vio hablando de «penes, pollas y chochos» ante los alumnos y explicando las diferencias entre un término u otro.

«Lo más complicado al traducir una novela erótica es equilibrar el lenguaje, intentar que a veces no quede muy ñoño y otras que no resulte muy duro. Cada autor tiene su estilo y tienes que intentar pensar en su experiencia», explicó esta traductora freelance especializada en traducción literaria y audiovisual, cuyo nombre tiene su origen en los cuentos de Las mil y una noches, una lectura que sedujo a su madre.

Scheherezade Surià aseguró ayer en su charla que el pudor y la vergüenza deben quedar «aparcadísimos» a la hora de traducir una novela erótica y apuntó que el profesional «debe intentar enamorarse de la obra que traduce, aunque el tema no te atraiga inicialmente, porque una editorial no te pregunta si vas a tener reparos o alguna objeción moral».

La experta reconoció que no era lectora de este tipo de novelas antes de iniciarse en la traducción erótica «y ni siquiera me terminé el primer libro de Cincuenta sombras de Grey, pero esto es un trabajo y tienes que buscar el tono», explicó Surià, quién mostró a los alumnos cómo tratar las escenas de sexo «para traspasar los genitales del lector».

La dificultad de encontrar el equilibrio entre lo cursi y lo duro en esta literatura se pone a prueba, según la experta, en los diálogos. «Lo peor es que suenen poco naturales, así que a veces cuando te enganchas en un párrafo lo mejor es leerlo en voz alta para ver cómo suena, con las ventanas cerradas si hace falta», aclaró tras añadir que «aunque pene y polla signifiquen lo mismo, en pasajes más descriptivos podrás utilizar más el primero, pero en el momento de más pasión tendrás que decir polla; o en lugar de sexo oral, chupar el coño».

En ocasiones, poner en práctica lo que se va a traducir también es necesario para entender el sentido de lo escrito: «Alguna postura de esas en las que el chico ata a la chica y no sabes bien dónde acaba la cuerda, por dónde la ata... y al final te tienes que poner en situación», relató la traductora, a quien un estudiante preguntó si había aprendido alguna postura sexual nueva con este tipo de novelas. «Te dan ideas, claro», señaló.

Surià es licenciada en Traducción e Interpretación por la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, postgrado en Traducción literaria y máster de Traducción audiovisual –ha hecho subtitulación de películas de dibujos animados– pero en los últimos años, a partir del boom de Cincuenta sombras de Grey, el 80% del trabajo que le encargan las editoriales es literatura erótica. «Lo que ha hecho esa novela, además de despertar el deseo sexual de muchas mujeres, es polarizar el género y hacerlo más accesible. A nosotros nos ha dado más faena ahora porque aprovechando el filón también se están reeditando otras novelas eróticas, aunque no creo que le quede mucho tiempo más porque el mercado está ya un poco saturado», indicó la traductora, que subrayó entre las ventajas de estos textos «que son más distendidos que otros, bastante agradecidos y bastante fáciles de traducir».

Respecto a los idiomas más idóneos para el lenguaje erótico, Surià destacó el francés y el inglés, como origen de muchos términos sexuales, y apuntó que son mayoría las mujeres que traducen la literatura erótica y romántica.

La especialista puso de manifiesto el tabú que sigue existiendo en el plano académico de la traducción erótica, ya que «no es un lenguaje normalizado aún, no hay muchos manuales como en otro tipo de traducciones», y ello obliga al traductor a consultar «páginas subidas de tono en Internet, tiendas virtuales de juguetes eróticos y accesorios para ver cómo se llaman exactamente, porque hay cosas que ni utilizas ni sabes cómo se llaman».

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