José María Martín Moreno. ?epidemiÓLOGO, GANADOR DEL II PREMIO DOCTOR BALMIS
TEXTO DE CRISTINA MARTÍNEZ FFOTO DE JOSE NAVARRO
En su opinión como epidemiólogo, ¿qué supuso la expedición de Balmis?
Es una persona histórica, a la que no le hemos dado la suficiente trascendencia en España, algo que suele pasar. Tuvo una enorme visión. Aunque es una de las cosas que los latinoamericanos nunca nos perdonarán, que les lleváramos la viruela. Pero Balmis enseñó también cómo evitarlo. Por eso es una figura muy querida.
Usted recibió el viernes el Premio Doctor Balmis, pero no es muy habitual que los médicos reciban galardones.
No lo sé. Mi interés en la vida no es tener premios. Lo he recibido con mucho cariño y lo considero un honor. Pero no es algo que me preocupe. Me gusta lo que hago y eso me da ya suficientes satisfacciones.
Parece que están resurgiendo en Europa enfermedades como la tuberculosis que se consideraban erradicadas.
Hay un problema actual que va más allá de las enfermedades infecciosas. Desde mi puesto ahora en la OMS queremos afrontar el problema de las desigualdades sociales que tienen una importancia sobre la salud enorme. No obstante más del 85 por ciento son enfermedades no transmisibles, enfermedades de larga duración, como cáncer, dolencias cardiovasculares, problemas pulmonares, diabetes... pero eso no quiere decir que las enfermedades infecciosas no sigan siendo un reto. Algunas que creíamos eliminadas, por no hacer bien las pautas de tratamiento, por tomar dosis insuficientes, a veces también por dificultades económicas, generan cepas multirresistentes.
Cuando se busca culpables, se mira hacia los inmigrantes.
Pero eso no es justo. Aparte de generar una xenofobia innecesaria e infundada, no es cierto. La globalización es norte-sur, sur-norte... es en todas las direcciones. Nosotros vamos a muchos países, queremos conocer muchos sitios, y traemos muchos gérmenes a los que no estamos acostumbrados. No le echemos la culpa al inmigrante. Los inmigrantes que vienen aquí son una selección de gente lo suficientemente sana y fuerte como para poder resistir y trasladarse a otro sitio a empezar una nueva vida. Lo cierto es que no solo no nos pasan enfermedades sino que lo más frecuente es que ellos sean los que sufran las enfermedades nuestras porque no están vacunados. Ellos son más víctimas que culpables. Lo que hay que controlar, y en eso estamos trabajando como reto para el nuevo siglo, es en el control sanitario de los alimentos que viene de fuera.
¿Tenemos garantías de que eso se hace bien?
Sí, se hace bien. Pero podría mejorar.
¿Cómo valora la gestión mundial que se hizo de la Gripe A desde la OMS?
Yo no estaba, pero creo que hubo un problema de comunicación y de gente que habló sin entender de lo que estaba hablando. Hubo muchos bulos. Por ejemplo, que se cambió la definición de pandemia para favorecer a la industria farmacéutica. Pues mire, no. No es así, porque yo era director general de Salud Pública y la definición es de hace mucho tiempo. Pero no sé por qué no se ha sabido contrarrestar. Además, yo preguntaría mirando a la cara a muchos políticos que protestaban y veían cierto alarmismo: ¿Cuándo se considera grave una enfermedad? En el caso de la Gripe A se correspondía con todos los requisitos para ser declarada pandemia. Yo no me lo he inventado. ¿Y cuántos muertos tiene que haber para empezar a actuar? ¿Cuándo haya 100 o 1.000 o 1.000.0000, o cuando se muera su familia? Entonces ¿esperamos y declaramos la pandemia cuando haya todos esos muertos?
¿La gente tiene razón cuando se queja del sistema sanitario español?
Funciona razonablemente bien. El problema de los sistemas de salud, no solo en España, es la sostenibilidad. Si hay una cultura de todo es gratis y gente que viene de turismo sanitario -aunque a mí me parece justo que todo el mundo tenga derecho a la atención sanitaria-, tendremos que establecer reglas de juego. A lo mejor hay que gastar más del Producto Interior Bruto en sanidad. Tampoco gastamos mucho en España, un 7,5%, mientras en Francia es un 12% y en Alemania, un 14%. A mí me gustaría que los partidos políticos nos preguntaran en qué queremos gastar el dinero. Porque lo que está claro es que no puede haber para todo. Si queremos unas fuerzas armadas buenísimas habrá que pagarlas. Yo respeto esa postura si es lo que la gente quiere, pero para mí hay que invertir más en sanidad y educación. Hacer todo a la vez no es fácil. Yo sería partidario de que parte de mis impuestos, el 1% si quieres, fuera a un fondo de Naciones Unidas. Con ello conseguiríamos un mundo más justo, estaríamos contribuyendo a redistribuir la riqueza en el mundo. Y si los países más pobres están mejor, no necesitarían emigrar ni subirse en pateras ni morirse en el camino.
¿Cómo hay que recibir la noticia de que se ha creado la primera célula artificial ?
No he entrado mucho en eso. La caracterización del genoma abre muchas puertas. Pero creo que se está sobrevalorando lo de generar vida. Aún no estamos en ese punto. Lo que podemos es identificar elementos donde las cosas no funcionan y mejorarlas. Por lo demás, habrá que esperar a que se haga una regulación sensata.