¿Qué tienen en común Juan Manuel de Prada y Espido Freire además de ser escritores?
Charlar con él es siempre un placer y aprendo mucho. Yo soy una autora hábil para relacionar conceptos y él tiene una gran memoria fotográfica. Él tiene una formación más clásica, unida al conocimiento filosófico, y yo más vanguardista, ligada a la filología inglesa... por eso somos complementarios. Además somos dos autores de géneros distintos, pero de edad similar y con una trayectoria en la que fuimos premiados muy jóvenes con el Premio Planeta. Lo que ocurre es que su trayectoria ha sido muy exitosa dentro del canon clásico. Es un escritor consolidado que siempre ha dado la sensación de superarnos en edad y en madurez. En mi caso, ha sido muy difícil encasillarme y he optado por innovar, por romper la idea clásica de los escritores.
¿Hay algún tema sobre el que han acordado no hablar en sus encuentros?
No hay ningún aspecto, discrepemos o no, que no abordemos. Por ejemplo, él pone de manifiesto sus ideas políticas y sin embargo yo no tengo confianza en las soluciones ideológicas para los problemas. En ocasiones hemos tenido enfrentamientos, pero lo hemos podido solventar siempre con absoluto respeto por el pensamiento del otro y con una amistad profunda.
Hace cuatro años montó la empresa cultural E+F. ¿Ha cumplido con sus expectativas?
La verdad es que ahora estoy muy satisfecha y estoy muy orgullosa porque para mí era asfixiante vivir solo para el mundo literario. Mi empresa dedica una parte a formación literaria, con la escuela de escritores; otra a comunicación, y una tercera al desarrollo del concepto cultural. Y después de dos años de pesadillas, como ocurre casi siempre cuando montas una empresa, ahora estoy muy contenta porque empieza ya a funcionar al margen de mí.
¿Qué ha aprendido al estar al otro lado de la literatura?
Pues que la cultura puede se rentable si se gestiona bien. La cultura no tiene que ser solo algo de conveniencia fiscal. Es algo importante para un país como el nuestro que necesita ser competitivo.
Usted, como reconocida antitaurina, fue una de las personalidades citadas en el Parlament de Catalunya por el conflicto con las corridas de toros.
Yo basé mi intervención en tres puntos. El primero, mi dificultad para aceptar el dolor de un animal; el segundo, en lo absurdo que me parece poner en riesgo una vida humana, y el tercero, en desligar el concepto de cultura de los festejos taurinos. Siempre desde el respeto y el deseo de un diálogo real, porque creo que es posible hablar de ello. Me interesa cómo se puede ver la posibilidad de que haya una cultura ligada al sufrimiento y al riesgo de muerte para las personas. Y cuando me refiero a festejos taurinos no hablo solo de corridas de toros, sino de múltiples espectáculos ligados al mundo del toro.
¿En qué trabaja ahora Espido Freire?
Estoy revisando mi última novela que espero que se publique a finales de 2010 o principios de 2011. Falta aún una labor de documentación. El problema de ser una escritora con un punto neurótico es que tengo una exigencia muy alta conmigo misma. También me gustaría volver a escribir novela infantil y juvenil.