EFE. VALLADOLID
"Aunque te vayas, sigue escribiendo", garabateado y firmado por una niña en un pequeño recuadro, es lo que reza uno de los mensajes en memoria de Miguel Delibes plasmados en los libros de condolencias de la capilla ardiente del escritor.
Han sido homenajes escritos en huecos de seis centímetros, pero profundos en contenido y con constantes referencias a sus obras, a su bonhomía, a su afición a la caza o a la universalidad de sus contenidos, mensajes escritos en cuadernos situados en una mesa sobre la que reposaba apilada su herencia literaria, adornada con flores blancas y rojas. "Con el cariño de un marfileño muy atento a tu aporte a la cultura universal" o "el mundo, Valladolid y mi preciado país Costa Rica lamentan de todo corazón tu partida", han sido algunas de estas muestras, escritas desde dentro por seres humanos de fuera y dedicadas a un escritor que reflejó lo más concreto, lo más exclusivo del castellano y de su entorno.
Esta condición ha dejado un poso en la memoria de algunos de sus paisanos, gracias a las semejanzas entre su vida y las que en sus obras desmenuzó Delibes: "Yo fui un niño que vino a estudiar a "la capital". Luego leí mi historia en "El Camino"", señala una de las frases incluidas en un libro de condolencias.
Por lo universal de su obra, alguno pidió a través de este cauce el Premio Nobel para el escritor, mientras que otros dieron cuenta de que sus libros y su mensaje se han transmitido y han sobrevivido a través de las generaciones. "Supe de ti por mi padre, y mi hija por mí. Te quiero".
"En mis recuerdos, tu palabra; en mis pensamientos, tus libros. Gracias por enseñarnos la sencillez y la firmeza", sostenía otro de esos escritos.