ÁFRICA PRADO
- ¿Qué cuenta en su ensayo sobre la industria cultural?
Cuando pensamos en los discos que escuchamos o los libros que leemos, creemos que hacemos una elección muy personal pero no caemos en la cuenta de que esos productos están planificados por el mercado de la cultura, que los produce, los empaqueta, los publicita y los distribuye de manera industrial. No nos damos cuenta de que la cultura meditada y de élite también forman parte del mercado. La idea era acabar con esa ficción de separación entre cultura de masas o cultura de élites, entre masas y musas.
- Es decir, que nos tienen un poco engañados.
Sí, pero el consumo de cultura no se agota como un cigarrillo sino que deja huella. Y es un consumo sobre el que volvemos y alimenta la nostalgia, recordamos lo que consumimos en nuestra juventud y esa mirada podrá ser compasiva pero también es muy placentera.
- Esa nostalgia cultural se da mucho hoy en generaciones nacidas en los 60 y 70.
Entre las que yo me incluyo. Cuando uno llega a cierta edad, no es que sólo relea o revise películas que ya ha visto, porque seguimos consumiendo novedades, pero uno tiene en su cabeza varios apartados y la nostalgia es muy importante. Las industrias culturales saben utilizar esa querencia de nostalgia que padecemos y que nos permite recordar y ubicarnos, es una manera de alimentar lo que nos une como generación.
- ¿La industria es un gigante que lo engulle todo?
Cuando hablamos de la industria cultural parece que hay otra cultura alternativa, una cultura que no se somete a la industria. Pero hoy no hay prácticamente ninguna expresión cultural que escape a una dinámica industrial. Ni el folclore, que parece algo autóctono, primitivo y que sale del pueblo, cuando quiere cierta notoriedad y visibilidad pública tiene que pasar por la rueda de la industria cultural, someterse a managers, productores, publicistas...
- ¿Cómo han cambiado las nuevas tecnologías la forma de consumir cultura?
Se ha multiplicado el consumo cultural. Si había alguna barrera para el acceso a productos culturales antes, ahora con Internet no hay excusa porque todo está disponible en la red. El acceso es cada vez más sencillo y las ansias de acumulación, también mayores. Y acumular cultura no quiere decir necesariamente consumirla porque a veces nos bajamos cosas de Internet indiscriminadamente y luego no tenemos tiempo material ni con diez vidas para poder disfrutarlo.
- ¿Y ese fácil acceso es positivo?
El acceso, desde luego, se ha democratizado. Otra cosa es lo que hagamos luego con esa cultura porque, quizás, sin una formación previa, disfrutar de la cultura es mas difícil, lo cual no evita que haya autodidactas. El acceso se ha simplificado muchísimo y ha desbordado nuestras expectativas sobre la capacidad de asimilar toda esa cultura disponible
- ¿Se corre el riesgo de perder el disfrute de la cultura?
Eso yo lo comento mucho con mis alumnos. Cuando hace 10 años uno se compraba un CD original que le costaba 20 euros, el mimo con el que lo trataba es superior al que ahora le presta a un CD del top manta o bajado de internet. Y eso es porque en el disfrute de la cultura hay un elemento fetichista y mercantil que es lo que te ha costado, tú quieres amortizar la inversión. Y, sin embargo, el producto es el mismo. Hay una "des-sacralización" de la cultura por ese acceso tan fácil de forma gratuita.
- ¿Es alarmista pensar que las descargas acabarán con la producción o con los autores?
En todas las culturas que viven un cambio de soporte o de técnica hay voces que anuncian que va a ser el fin. Cuando surgió la escritura, Platón lanzó criticas contra ella en favor de la oralidad, con la imprenta se lanzaron cantos en favor de la manuscrita porque la imprenta hacía que los libros fueran masivos, sin control; con el cine, la televisión... nada ha acabado con nada. Yo creo que es muy difícil ponerle puertas al campo de Internet y siempre se entenderían como una forma de censura que haría de Internet algo distinto y, desde luego, más pobre. Por otro lado, hay que garantizar los derechos de autor, porque un autor crea una obra y quiere sacarle rendimiento. Ya se han probado fórmulas intermedias: pagar por cada descarga individual en vez de por los 15 temas del CD, escuchar gratis (aunque soportando publicidad) pero no poder descargarÉ
- ¿La Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) tiene razón en el fondo pero le pierden las formas?
Sí, más bien va por ahí. La SGAE ha tenido formas muy impopulares con cosas tan absurdas como gravar a las peluquerías por poner música a los clientes. La SGAE, que al fin y al cabo representa a los creadores y artistas, debería hacerles justicia con más inteligencia y efectividad.