REPORTAJE. FECHA PARA EL RECUERDO
ANTONIO JUAN SÁNCHEZ
Siempre estuvo en segundo plano, por su forma de ser y por su forma de sentir las cosas y los acontecimientos, pero también porque tenía muy claro que su trayecto en la vida pasaba por convertirse en salvaguarda de la obra y la figura de Miguel Hernández. ¿Que hubiera sido del legado del poeta sin Josefina Manresa? Valiente, fiel al hombre y al poeta, fue recogiendo lenta, pero de forma constante, todo aquello que tenía que ver con su compañero de vida y penurias. "Su trabajo ha sido fundamental y relevante, sin ese cuidado receloso y escondido hacia manuscritos, objetos, textos y poemas de Miguel Hernández, no podríamos disfrutar de lo que ahora tenemos", comenta Lucía Izquierdo, nuera del poeta. En esta misma línea se manifiesta Joan Pámies, amigo de Josefina Manresa, con la que compartió responsabilidades y decisiones importantes en la difusión de la obra de Miguel Hernández. "Fue una luchadora, con una tarea constante de recogida de materiales, de fotografías, cartas y primeras ediciones del trabajo literario de su marido a lo largo de su vida".
Sufrió muchas presiones y engaños que no buscaban otra cosa que las obras del poeta... y ante eso, vivía con el silencio y el olvido de realidades, escondiendo la verdad para esperar tiempos mejores en el reconocimiento del poeta. Mujer que vivió de luto riguroso desde 1942, año en que murió el autor de "Canción del esposo soldado", hasta el último de sus días en 1987. "Josefina hablaba de Miguel como un hombre muy simpático, bromista y humano, que siempre estaba cantando y al que le gustaba mucho el flamenco. Era apuesto, decía, muy guapo, no como aparece en las fotografias más conocidas de él. También explicaba que le gustaba mucho pasar los días silbando, pues había aprendido los trinos de los pájaros, y que tenía bastante carácter, con una personalidad muy fuerte", detalla Lucía Izquierdo, al tiempo que reconoce que "Josefina era una mujer que sufría mucho y a la que marcó de manera muy dolorosa la muerte de su hijo Manuel Miguel, sin poder olvidarse ni un sólo día de su existencia de su marido".
Destaca Joan Pàmies que Josefina Manresa "fue la gran musa del poeta, la que propició los mejores versos de amor y a la que Miguel Hernández le dedica el "El rayo que cesa". Hay que gente que intenta maltratar a esta mujer, pero sin ningún rigor ni datos. Miguel Hernández ha dedicado más de 400 cartas a Josefina y a su amor por ella, a otros amores creados, no hay ninguna". Lucía Izquierdo añade que "sentía un cariño muy especial haca sus nietos, a los que constantemente explicaba quién fue su abuelo. A María José, la mayor, la enseñó a recitar poemas y con Manuel pasaba tades enteras". En la última etapa, "a pesar del cáncer, Josefina ya veía con cierto optimismo y alegría que se estaban consiguiendo cosas en torno a su marido. Pensaba que Miguel empezaba a estar en el sitio que le correspondía y que ya, por fín, se le estaba reconociendo como el poeta que era. Tenía mucha ilusión con la cesión del legado al Ayuntamiento de Elche y eso también se consiguió". Lucía Izquierdo, por último, añade "que Josefina ha sido la gran olvidada, ella y su hijo, que fueron abandonados a su suerte. Tanta gente que adoró a Miguel Hernández, por su obra y por lo que hacía... y luego se olvidaron de ella y de su hijo".