HOSPITALIDAD "ON LINE"

Te presto mi sofá

Jóvenes alicantinos cuentan su experiencia en "couchsurfing", un sistema de intercambio de alojamiento gratuito a través de Internet que practica más de un millón de personas en el mundo

16.04.2013 | 13:11

Ayer, 14.30 horas. José Francisco Arias abre la puerta de su casa junto al Mercado Central de Alicante a tres jóvenes y guapas veinteañeras recién llegadas de Polonia: Marta, Magdalena y Natalia. Es la primera vez que viajan juntas a través de "couchsurfing" (surfear de sofá en sofá, en su traducción del inglés) y están encantadas de conocer a este informático de 30 años, que les alberga sin coste alguno y al que ellas obsequian con una botella de vodka. José Francisco les ha preparado la comida y ellas lo agradecen tras el viaje con Ryanair. Las jóvenes tienen una semana de vacaciones en Alicante; quieren ir a la playa, tomar una paella, comer helados... En principio, se quedan en casa de su anfitrión hasta el lunes porque José Francisco tenía previsto un viaje, aunque ahora, después de acomodar a sus invitadas, se lo está pensando.
El intercambio de alojamiento "on line" lo practican jóvenes de todo el mundo a través de varias redes sociales creadas en la última década, siendo las más importantes couchsurfing.org y hospitalityclub.org. El fenómeno, de implantación más reciente en nuestro país, también tiene presencia en Alicante, donde hay 672 "couchsurfers" dispuestos a ofrecer su hospitalidad, bien tomándose un café con el visitante o prestándole algún tipo de ayuda en la ciudad, o bien cediéndole un sófa, una cama o un colchón en su casa.
La filosofía es sencilla: conocer lugares y gente de la ciudad a la que viajas sin que te cueste un euro el alojamiento, lo que, unido al auge de los vuelos de bajo coste, hacen que sea una forma barata de viajar pensada, sobre todo, para jóvenes. Y a tenor de las cifras, el resultado es abrumador.
En couchsurfing.org hay registrados 1,6 millones de personas de 70.000 ciudades y 235 países. La media de edad del usuario es de 28 años.
"En España es más difícil hacer "couchsurfing" que en otros países europeos porque mucha gente aún vive con sus padres y no está independizada -señala Arantxa, de 32 años y nacida en Agost, que viaja de sofá en sofá desde 2008- Yo, por ejemplo, en San Sebastián me tomé algo con un "couchsurfer" de allí y me di una vuelta con él, pero me tuve que quedar en un hostal porque vivía con sus padres".
Esta opinión también la comparte José Juan Martínez, diseñador gráfico de 32 años, que cree que en el norte de Europa la gente acostumbra a independizarse antes y son más atrevidos. De su experiencia como "surfer" relata que muchos extranjeros se hacen el viaje a España en autoestop en sus vacaciones por Europa, "y yo he tenido gente en casa que ha salido por la noche y luego también se ha vuelto a casa -él vive en Virgen del Remedio- haciendo dedo, algo que aquí no haríamos ni locos".
José Juan ha acogido a una docena de personas de distintos países, "casi todos vienen de destinos de las rutas de vuelos baratos, Alicante tiene muchas peticiones porque hay cincuenta ciudades conectadas con Ryanair", indica, tras explicar que "me apunté para practicar el inglés y me pareció una idea increíble ver una ciudad con gente de allí. Es una oportunidad de irte por ahí y sentir que has viajado y que has vivido, mucho mejor que si te vas a un hotel. Yo en España no lo usaría; lo he hecho en Europa pero tengo previsto hacer un viaje a la India y creo que es bueno en sitios donde es más difícil desenvolverte por tu cuenta".
Recuerda que el encuentro con sus primeros huéspedes -una chica alemana y un un chico americano- "al principio fue un poco raro porque yo hablaba poco inglés y ellos no hablaban español, pero luego me los llevé a la playa, a comer por ahí y lo pasamos bien. Yo les di las llaves de casa, que es algo que fuera no lo hacen tanto, y mi madre se cree que me van a robar, pero nunca he tenido una mala experiencia".
Lo normal, cuentan los usuarios, es que primero te ofrezcas a alojar a gente para obtener referencias de los huéspedes -que se cuelgan en la web, positivas o negativas- antes de pedir alojamiento en casa ajena. Quizá por ello ninguno de los entrevistados declara haber tenido problemas de seguridad o falta de confianza.
Andrés Devesa, amigo de José Juan de 30 años que ahora vive alquilado en la casa de éste, siguió los pasos de su compañero y el primer día acogió a una pareja de austriacos que se alojaron en casa un par de días: "Les dejé las llaves, nos fuimos de cervecitas y fliparon un poco; luego han querido venir fin de semana sí y fin de semana también y les tuve que cortar el grifo".
El joven, trabajador de Aena, cuenta que, en una ocasión, fue a recibir a una chica al pie de la escalera del avión en El Altet "y no se lo creía, claro. Aquí no estás obligado a nada y tú te pones las reglas, pero yo suelo ir a recogerles. Hubo un húngaro que se iba a quedar a dormir en el aeropuerto porque ya no había autobús y cuando fui a por él me dio un abrazo. Venía con cien euros a pasar dos meses en España".
No obstante, no todas las experiencias son iguales. Andrés, a todo el que llega le invita a darse una ducha para evitar, sobre todo, el olor a pies de algunos huéspedes, "pero en general la gente se adapta e intenta no molestar".
Arantxa indica que "hay que ser muy "open minded" (de mente abierta) para hacer esto, no prejuzgar y tener respeto al otro". Ella, que también presta una cama, señala que "por lo general las chicas suelen ofrecer más el "meet and drink" (tomar algo/ charlar un rato) pero yo prefiero esto. Es cierto que como mujer a veces puedes tener un poco de recelo pero si pones las cosas claras y ves las referencias no hay problema. Yo rechacé a un portugués porque otra chica escribió de él que intentó ligar con ella desde que entró en su casa".
¿Y se utiliza para ligar el "couchsurfing"? "Hombre, este no es el sitio, para eso hay páginas de relaciones, y la filosofía es otra, pero a veces pasa, surge", señalan José Francisco y su amigo José Carlos, también informático, quien recuerda que una pareja a la que acogió de un país de Europa del Este, con pocos recursos económicos, "decidió hacer la luna de miel con este sistema y estaban muy ilusionados".
José Francisco, que en su alma de hospedero en dos años ha albergado a unas 400 personas, reconoce que prefiere alojar a que le alojen. "A veces me gusta viajar solo pero me gusta mucho conocer a gente de fuera, me divierto mucho, y a Alicante vienen mucho todo el año por el clima"
David, diseñador alicantino de 27 años, destaca los lazos que se crean con los "surferos", guarda regalos de casi todos sus alojados "incluso algunos te los mandan luego" o se escriben e-mails. También apunta que con este sistema conoces a gente curiosa -"un alemán que se quedó una semana, luego compró una bici y se fue a Sevilla en bici y al terminar el viaje la vendió y se volvió"- y es una manera de animarte a viajar -"ya tengo casa en California, en Alemania, en Polonia"- pero aclara: "Te tiene que gustar esto, no todos valen".

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