ÁFRICA PRADO
El cineasta Daniel Monzón, que el próximo 14 de febrero podría alzarse con 16 estatuíllas de los premios Goya por "Celda 211", prepara en estos momentos el guión de su próxima película, una comedia negra "frenética" de la que ya tiene hasta el título, pero que no revela "por si trae mala suerte". El proyecto, en el que trabaja junto a su guionista habitual, se rodará "en Inglaterra, con actores ingleses, y será una comedia negra que, de no tener el tono divertido, sería todo un drama".
Así lo señaló ayer Monzón en su visita a Alicante, antes de abrir junto al crítico de cine Jordi Costa el ciclo iniciado en el Aula CAM en homenaje al grupo de humor Monty Python, del que destacó que "supuso una gran ruptura en el humor británico y dio origen a la comedia contemporánea. Lo que hicieron no lo hacía nadie, con ese espíritu iconoclasta, y a cualquiera que le guste el cine le tiene que gustar Monty Python".
El cineasta afirmó que afronta la cita de los Premios Goya "como un juego, como supongo que hará Buenafuente, en la primera gala que se emitirá sin publicidad", aunque no ocultó su "sopresa" al conocer la cifra de estatuíllas: "Lo bueno de aspirar a 16 premios es que ya no necesitas ganar ninguno porque es todo un reconocimiento y un premio en sí mismo. La película se ha ganado el favor de la crítica, del público... Y si no ganamos nada, vamos a estar igual de contentos. Sólo nos ha faltado la candidatura en Vestuario, y me dio un poco de pena... pero como para quejarse".
El responsable de "Celda 211" aclaró que, si tuviera que quedarse con un solo galardón, "me haría mucha ilusión que se lo llevara el plantel interpretativo: Luis Tosar está absolutamente excepcional pero no le va a la zaga Alberto Amman -Juan Oliver, el joven funcionario de prisiones en la película- en su primer trabajo, que es la gran revelación, y todo el resto de los actores".
En el rodaje de la película, que se hizo en una cárcel real y con presos también reales en el reparto, Monzón indicó que éstos "se entregaron a la ficción muy ilusionados. Imagínate, podían vivir un motín sin consecuencias y lo hicieron de manera muy intensa". Ello, y la investigación previa sobre el mundo de las cárceles, fue necesario "para trasladar el espíritu de la novela, queríamos que el espectador sintiera como propia la tragedia que sufre Juan Oliver y cómo en 30 horas su vida se va por el sumidero, y que el espectador viviera el motín". Además de llevar al espectador esa claustrofobia, el director reconoce en la cinta cierta crítica al poder, "de cómo hay vidas más valiosas que otras y se sustituyen sin ningún problema".
En la ceremonia del próximo 14 de febrero, Monzón espera que las películas ausentes en las candidaturas "salgan también reforzadas" y respecto a la futura Ley del Cine indicó que "lo he seguido de reojo porque he estado muy liado pero parece una partida de ping pong".