CRÍTICA. DANZA
MARC LLORENTE
Esta malagueña, nacida en 1984, empezó a estudiar baile en su tierra natal y se graduó en el Conservatorio de Danza de Madrid en 2002. A los tres años de edad hacía sus pinitos y antes de su graduación intervenía en actuaciones con las que obtuvo algunos premios. Ha recibido más posteriormente y formó parte de la Compañía María Pagés. Ha ido desarrollando su propia personalidad y tiene grandes perspectivas si continúa por ahí. Todo es difícil y estar en danza requiere un esfuerzo y una capacidad permanentes. Rocío Molina se siente libre y como un pez en el agua encima de un escenario. Baila con sinceridad y pasión. La joven artista saca a relucir una limpia técnica. La vemos muy motivada y disfruta con el flamenco. Aquí invita a saborear "Preludios varios".
Ella hace lo que el cuerpo y las sensaciones le piden. Busca dentro de sí y encuentra su forma. Está convencida de lo que baila, conquista a los espectadores y la sensualidad y la fortaleza se funden en sus pasos y figuras. Las influencias externas contribuyen a moldear el arte que exhibe generosamente con la libertad de los movimientos. No le vale sólo estar bien. Le gusta expresar lo que quiere y a su manera. Ha estrenado "Entre paredes", "Almario", "El eterno retorno" u "Oro viejo". La evolución de Rocío Molina va a seguir en pie. Domina muy bien las reglas del juego y lleva las pilas a tope, lo que le otorga alguna ventaja con respecto a otras mujeres con más solera. Botas y vestuario de calle para empezar. Taranto, soleá por bulerías y otros palos con los que la bailarina-bailaora obsequia una serie de rasgos de danza española, clásica y contemporánea.
El huracán Molina bracea, se suelta por todo el espacio, gira, traza el baile de los caballos andaluces y sostiene un sutil zapateo. Le acompañan las guitarras, los quejíos o las alegrías del cante, la percusión y las palmas. Y el cuerpo de Rocío Molina canta con elocuencia en esta selección de sus coreografías recientes más destacadas. El flamenco de hoy lleva su nombre en un honroso lugar. No es una joven promesa, sino una sólida realidad que la afición supo acoger calurosamente en el Teatro Arniches de Alicante.