CRÍTICA. TEATRO
MARC LLORENTE
¿Quién es el asesino? El comediógrafo aporta ingenio y sorpresas muy bien hilvanadas y el espectador debe responder. La perfecta carpintería teatral de Mihura vuelve a quedar de manifiesto en esta obra de 1967, la penúltima que estrenó. Especialista en tipos femeninos, se desmarcaba de la idiotez y de los prejuicios burgueses aún sin alterar el orden común. Despertó nuevas sonrisas, ajustándose cada vez más a los cánones tradicionales del teatro y sin perder originalidad ni seducción, y mantuvo el "humor codornicesco", paradójico, fino y certero, ya que no en vano fundó la revista "La Codorniz" en 1942. Desertó de la línea iniciada con "Tres sombreros de copa" porque quiso hacer un teatro lo suficientemente comercial como para vivir bien. Gustavo Pérez Puig, un histórico de la escena y de la tele, dirigió esa pieza en 1952 con el Teatro Español Universitario. Ahora ha producido y dirigido "La decente", junto a su esposa Mara Recatero, y se asegura la ovación con la presencia de un veterano trío. Manuel Galiana vive sólo con su ama de llaves, Ana María Vidal, y Victoria Vera, musa de la Transición, le hace una proposición indecente e insólita. Divorciarse no existía y el crimen piadoso de su marido tiene lugar. ¿El espectáculo responde a lo que Mihura, un clásico del XX, se merece? Pérez Puig le conoció a fondo, aunque en ciertos aspectos difiere de lo que él perseguía. Al autor madrileño no le gustaban los intérpretes que iban de graciosos y buscaba actores que respondieran sin apenas esfuerzo a las características cómicas de cada personaje. No dirigió casi todas sus comedias por casualidad. Quiere esto decir que el "absurdo lógico" no es aconsejable acentuarlo en ningún sentido para no perder eficacia y frescura. Victoria Vera trae el recuerdo de la Ninette que interpretó en la pequeña pantalla de 1984 a las órdenes de Pérez Puig. Más auténtica entonces que ahora pese a que continúa joven, guapa, con encanto y talento. Manuel Galiana y Ana María Vidal siempre atraen con su dilatada y enriquecedora experiencia, Juan Calot es un convincente comisario y Andrés Arenas y Antonia Paso refuerzan algunos de estos pasajes en el salón de un chalet. Dos horas en las que el personal ríe y lo celebra.