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GUILLERMINA PERALES No podíamos iniciar el nuevo año, sin comentar una de las intervenciones urbanas que más polémicas suscitó en 2008, por la incomprensión que supone ubicar una escultura en un espacio público con un excesivo coste, que supera al de todos los proyectos escultóricos que hasta el momento se han instalado en Alicante. Ante la figura de la abubilla, del escultor Ramón de Soto (Valencia, 1942), ubicada en la reestructuración de la avenida de Dénia, surgen preguntas como ¿Qué representa este pájaro? ¿Qué tiene que ver con nosotros? ¿A quién interesa esta imagen? Esta ave es la imagen de la pestilencia y de la carroña, pues hace de la suciedad y el mal olor su sustento y su defensa, muy común en diferentes zonas del planeta, en terrenos secos. ¿Por qué entonces una abubilla? ¿Acaso su forma, simplificada, geometrizada nos dice algo diferente? ¿Cual es la pretensión del artista? La pieza traída aquí a Alicante está dentro de la ley del 1% del coste total de la obra pública reservado para obras de arte. Dinero que paga el Estado o en este caso la Generalitat. Pero, ¿qué sentido tiene intervenir artísticamente sin tener en cuenta el entorno, la realidad de la sociedad que acoge una obra pública? El surfista del puerto está integrado en el paisaje de nuestra costa, la Puerta del Aire se identifica arquitectónicamente como una nueva entrada a la ciudad, en la Gran Vía. La abubilla, debido también a su poca calidad como escultura, no tiene ninguna relación con nuestra cultura urbana. Desde el punto de vista artístico y formal la concepción de este monumento responde a una imagen de logo, de perfil recortable, en la que se ha tratado de contemplar las cuatro caras del volumen. Partiendo de una forma poligonal rectangular, va disminuyendo como una pirámide alargada hasta llegar a la parte de la cabeza, un ejercicio de abstracción geométrica en el que recurre a la repetición superflua de elementos sin proporción con la base. El colmo de la simpleza aparece con ese agujero que hace referencia al ojo de la abubilla, un elemento torpe por lo anecdótico y que refleja el desconocimiento de las posibilidades de una superficie y de lo significativo de cualquier intervención en ella. Pero, ¿Cuáles son los méritos de su autor? ¿Es reconocido en centros de reputada consideración para que su obra alcance este precio tan elevado? Sólo podemos destacar que ha expuesto en el IVAM, como todos los artistas de Valencia. ¿Esto es suficiente para pagar 500.000 euros por algo cuya factura sólo vale 150.000? Pregunten a cualquier herrero, material, planchas de acero corten, y trabajo de soldadura incluido. Pero, ¿por qué recurrir a un artista de Valencia en vez de uno de la tierra? Muchas preguntas sin respuesta.
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