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HEMEROTECA » |
JOSÉ A. MARTÍNEZ BERNICOLA
Fue la noche de los símbolos. Un trenzado de símbolos nutrientes para sostener-aguantar en estos tiempos del cinismo y la estafa. El Teatro Circo, Miguel Hernández, Enrique MorenteÉ en Orihuela. Esa Orihuela de la que un día escribí "Esta queja/ este abismo abisal/ sepulcro y mortaja/ claustro infinito/ perenne sabor/ de terrosa sequedad/ agujereando/ mis cosas de hombre". Y es que Enrique cantó a Miguel en una noche que dio para mucho al amparo de la música, las actitudes, los recuerdos y las percepciones.
La música: cómo y qué canto. En su condición de buscador mantiene la argumentación persuasiva de los ritmos y la coreografía (ese cajón sonoro para la múltiple acción de las manos marcando compás) al tiempo que avanza en las resoluciones expresivas de la voz (nunca le oirás el mismo palo dicho dos veces igual), signo de esa curiosidad hipersensibleÉ sobrevolando sus 66 años amasados en retos y superaciones.
¿Cómo lo hace-consigue? Pues mantiene el cante en estado de actualización merced al efecto de la distanciación (la distanciación que arguía Bertold Brecht) practicando una autolucidez metódica sobre el tiempo y los modos de la música. Algo así como si llevara siempre consigo un TAC testeando la realidad.
¿Qué nos dijo? El santo y seña de un Miguel que él musicó en avanzadilla (1971) haciendo del flamenco un universo de signos convirtiéndolo en un "medio de unión simbólica y un acontecimiento social de identificación" vía la belleza escrita (el verso) y el coraje humano (el compromiso político). Fundió textos de los Machado, de tradición oral flamenca, de Miguel en ejemplo de pasión poética y solidaria.
¿Y qué decir de las actitudes? Le colocó al personal un espejo donde mirarse: cedió los honorarios de ese concierto a Amnistía Internacional "por si así se evita que alguien, aunque sea una persona, sufra los atropellos que Miguel sufrió". Como ha escrito Angeles Cáceres "Olé, maestro: y a ver si cunde el ejemplo".
Las del público: arrebato y seducción. Mis familiares Mari Carmen y Antonio son muestra de una atmósfera extendida implicando sentimientos, sensaciones y más de un nudo en la garganta. A más de uno y una le llegó como fuego aquello de "carne de yugo ha nacidoÉ".
El Teatro Circo es para Orihuela el líquido amniótico que alimentó generaciones, la mía desde luego pues era el único mirador donde llegar con el cineÉ luego vendría el padre Roda con su Oratorio Festivo. De ahí lo de noche de los símbolos. Después de haber escuchado hace 37 años a Enrique cantar "Las nanas de la cebolla" en Montilla, volver a sentirlo en mi Orihuela, en mi Teatro Circo no es sencillo de transcribir. Y si encima aparecen en las conversaciones posteriores el callejón empedrao, la costerica el moro camino hacia la calle arriba donde vivió Miguel, sólo faltaban la puerta la olma y el bar el palmeral para que nos duelan "los colgantes del alma".
Cierro hoy en la esperanza del 2010 (el centenario del poetacabrero) como devolución de lo que le debemos a Miguel Hernández.
ENRIQUE MORENTE
Lugar teatro circo de orihuela
fecha 30 de octubre de 2008
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