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GUILLERMINA PERALES
DROSTROS DE ROMA. Retratos romanos del Museo Arqueológico Nacional
FECHA HASTA EL 6 DE ENERO DE 2009
LUCGAR SALA DE LA CAM DE ALICANTE
e camino hacia la exposición de los retratos romanos en la sala de la CAM, me encontré con toda clase de tribus urbanas, desde los más conservadores y súper pijas a los frikis, góticos, punks,É Mi curiosidad me planteaba diferentes dudas sobre el enfoque que le habrían dado a esta selección de escultura romana, organizada por el Arqueológico Nacional y traída a una sala de exposiciones que normalmente ha abordado temas y autores contemporáneos. Teniendo en cuenta además que, en Alicante, contamos con un museo arqueológico que ya goza de una gran repercusión por su impecable labor y su amplia proyección. Y la pregunta, al entrar en la sala de exposiciones, fue la de a quién de toda esta gente con la que me había tropezado en la calle le podía interesar lo que nos ofrecían. Inmediatamente comprendí que a nadie, de hecho los más de veinte minutos que permanecí contemplando las esculturas y los contenidos de la muestra, me encontré sola mientras la ciudad bullía a mí alrededor. Debo decir que el montaje me pareció simplemente correcto, el color granate de fondo para aislar y dar mayor contraste a las piezas de mármol, pequeñas pilastras como peanas para las cabezas y otros elementos ideados con mayor o menor acierto para la sujeción de los fragmentos conservados de las esculturas. Un conjunto con el que se trata de ejemplificar la evolución de la concepción del retrato en el Imperio romano, desde el siglo I a. C. hasta mediados del siglo III de nuestra era. Periodo en el que el retrato adquiere una función política muy clara, con la concepción de una estética determinada que proyecta la imagen del poder y la idea de Estado de este gran ideólogo de Roma que fue Augusto. Pero, sorprendentemente, las piezas que me encuentro son bastante vulgares, incluso algunas de ellas de ejecución torpe, lo cual es curioso dada la época a la que pertenecen. Hay que pensar que el trabajo de la piedra, desde su extracción de las canteras hasta la elaboración de los distintos modelos de ornamentación arquitectónica, como de la escultura, era una de las industrias más potentes, además de uno de los instrumentos de expansión en todo el territorio conquistado, un instrumento también para la pax romana. Roma se construye con la piedra: las calzadas, anfiteatros, templos, villas y, por supuesto, el retrato. El trabajo de cantería y de la talla era esencial en todo el sistema constructivo, en el que se daban diferentes grados de especialización, desde el básico de cuadrar un bloque hasta la decoración de los capiteles. La imagen que Roma proyectaba al mundo era la monumental de la piedra y la piedra estaba ricamente ornamentada.
Los fondos de un museo siempre nos hablan de cómo se ha constituido, y esto tiene que ver con la cultura y la formación de un pueblo. Los trabajos de labra que nos muestra el Arqueológico Nacional me llevan a pensar que quizá no haya habido la oportunidad de una selección demasiado exigente para complementar esta exposición. Mientras en otros países europeos hubo una gran curiosidad e inversión de esfuerzos en investigar y recuperar la antigüedad griega y romana, como se puede ver en las magníficas piezas conservadas en sus museos, en España este interés llegó mucho más tarde.
En esta exposición, el recorrido cronológico por las diferentes dinastías no llega a atrapar la atención del visitante ocasional que entra en la sala. Se le está pidiendo un esfuerzo que no se ve compensado con la información que al cabo recibe. Excepto a los especialistas, ¿a quién interesa, en estos momentos, identificar un tipo de peinado con una dinastía u otra? Mientras, nos quedamos con muchas preguntas sobre lo que ha significado el retrato a lo largo de nuestra cultura. Pero el principal problema es el contexto donde se sitúa esta exposición. Esta es una sala con una historia detrás que no corresponde con una exposición cuyo destino lógico es el MARQ, donde la gente va mentalizada a recibir una información más especializada en la historia antigua. Pero en una sala de arte contemporáneo se establece otra relación con el público que va dispuesto a ver imágenes que conecten con la complejidad de su tiempo. Hoy, en este momento económico, político y cultural de supervivencia, sería importante que estas escasas oportunidades de ver escultura clásica fueran completadas con una información más técnica, más didáctica sobre el trabajo de la talla, los instrumentos empleados, los estereotipos y cánones que conforman una imagen figurativa, ahora y hace dos mil años. Toda una información que no es tan habitual, ya que sobre escultura hay muy pocos museos y se desconoce gran parte de su técnica y evolución. Una labor cultural que hubiera justificado los tres meses de permanencia de una exposición que como máximo retiene al visitante tres minutos.
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