JORGE VILLAR. ENVIADO ESPECIAL A BARCELONA
Resulta difícil sustraerse a la pasión desatada en una tarde como la de ayer en Barcelona. Vaya por delante que los tendidos se llenaron casi en su totalidad y que el encierro de Núñez del Cuvillo resultó en líneas generales manejable. Sobresalió el quinto ejemplar, indultado por aclamación popular. Dicho esto, lo de la pasión, uno intentará ceñirse lo más posible a la realidad.
Lo ocurrido en el quinto toro es a todas luces un capítulo glorioso para la historia de la tauromaquia en Cataluña, sabidas las dificultades que la fiesta taurina está teniendo en los últimos años en esta región. Recibió a ese toro José Tomás con verónicas a pies juntos de buen ver. Tras dos picotazos (este será el principal argumento de aquellos que ataquen el indulto del astado) el torero de Galapagar meció los brazos en cuatro verónicas y media parsimoniosas. Respondió Serafín Marín con un buen quite por chicuelinas. Ya lo había hecho por gaoneras en el segundo de la tarde. Entonces, José Tomás, cogió la muleta y, tras brindar la lidia de la res a Vicente Amigo, se dedicó a desgajar muletazo a muletazo la importante embestida del toro. Importante por la nobleza y transmisión que lució en su bravo galope. Las tandas se sucedieron limpias, con el torero encajado y entregado a su más puro concepto del arte del toreo. La plaza, ni qué decir, le vitoreó constantemente. Por el pitón izquierdo el animal apretaba algo, pero aún así surgieron dos series de mucha altura. Tras ellas, otra tanda de derechazos largos, profundos y rematados con toreo a dos manos por abajo, de auténtico frenesí. El público pidió entonces el indulto a voz en grito. El diestro de Galapagar también ayudó a que el presidente perdonara finalmente la vida al ejemplar de la ganadería gaditana. En su primer enemigo, noble pero con poca fuerza, logró una oreja por gotas de ese mismo toreo que luego abrumó a todos.
Luis Francisco Esplá se mostró muy dispuesto en el que rompió plaza. Cuajó un gran tercio de banderillas, al igual que en el quinto. Tenía el toro guasa y Esplá le extrajo los pocos muletazos que tenía, sobre todo al natural. Perdió algún trofeo por el mal uso de la espada. En el cuarto dejó que masacraran al animal en varas, y en la muleta no hubo opción. Fue ovacionado en ambos.
El local Serafín Marín logró buenos momentos con sus dos actuaciones, aunque se dejó tocar mucho las telas. Mejor al natural en ambos, logró un trofeo del sexto y lo perdió del tercero por el mal manejo de la espada.
La tarde concitó, como es habitual cuando torea José Tomás, rostros populares. Entre ellos, el grupo musical Estopa, el guitarrista Vicente Amigo y el escritor Fernando Sánchez Dragó.