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HEMEROTECA » |
GUILLERMINA PERALES
Viendo una mañana por televisión la competición olímpica de salto de trampolín, llegué a estar desconcertada. Mi curiosidad me mantenía pegada a la pantalla, admirando unos movimientos que me parecían perfectos, pero mi apreciación no coincidía en absoluto con la valoración del jurado. Los comentarios de la informadora de la televisión me advertían que habían muchos detalles de importancia que definían una correcta o deficiente actuación, y que yo desconocía. Pensé entonces que en el deporte se pueden dar dos maneras de entender el juicio sobre el resultado de las pruebas, la que es evidente para todos pues se trata de llegar el primero, de marcar el mejor tiempo o meter más canastas, apoyada por medios técnicos como la "foto-finish" o el ojo de halcón que no dejan lugar a dudas. Y la competición donde el no conocedor tiene que asumir el dictamen del jurado de expertos, pues se trata de valorar una serie de ejercicios que los no profesionales desconocemos en toda su complejidad. Estamos hablando de competiciones como la gimnasia rítmica o la natación sincronizada, en las que como meros espectadores podríamos pensar que influyen factores que podemos evaluar sin más, pero no es así, los atletas que aspiren a clasificarse deben cumplir con una serie de ejercicios y unos niveles de dificultad que están perfectamente estipulados. Los jurados de estas pruebas son muy numerosos y están compuestos por expertos de diferentes países, para evitar cualquier tipo de connivencia con los participantes o predilección por un tipo de ejercicio u otro.
En el ámbito de la creación artística, en los premios o certámenes, la valoración de la obra seleccionada da lugar a todo tipo de interpretación y éstas dependen del conocimiento que tenga el espectador que tiene que juzgarla. La complejidad de la lectura de una obra plástica para el no experto crea normalmente una gran confusión, sobre todo en las últimas tendencias. Si no entendemos una obra, porque no tenemos los códigos visuales que nos sirvan de referencia, la podemos interpretar como mala o rechazarla sin más, y esto siempre es un error, pues sí existen las claves de conocimiento para penetrar en su significado y en su valor estético.
Promover este conocimiento es la función de los jurados expertos. Si nos situamos en un certamen de arte contemporáneo, existe la posibilidad de que la complejidad de una obra no llegue a ser vista o, lo que es todavía más grave, que se asuma un determinado patrón de juicio o cliché ideológico que impida una elección que verdaderamente tenga calidad. Por lo tanto, el jurado debe estar compuesto por expertos que tengan un gran conocimiento no sólo de arte contemporáneo sino de todos los tiempos, pues uno es consecuencia del otro, el arte es un lenguaje universal. Los diferentes miembros del jurado deben componer una mirada integradora de todas las posibilidades de expresión artística. Si uno de estos miembros odia o no entiende a Duchamp o a Beuys, artistas fundamentales del s. XX, no puede juzgar el arte contemporáneo. En la última Convocatoria de Artes Plásticas de la Diputación de Alicante, y esto es ya una norma, no sólo no se ha respetado este aspecto fundamental de los jurados, sino que se ha caído en errores como poner a personas vinculadas con la política cultural de la ciudad, lo que supone defender sus propios intereses, caer en pequeñas envidias y en injusticias flagrantes. Como consecuencia de ello, la Diputación de Alicante se está haciendo con una colección que no posee la legitimación de un jurado responsable y esto es defraudar la confianza que le da el pueblo de Alicante. Cuando se promueve una competición deportiva o un concurso de artes plásticas se adquiere un compromiso con la sociedad. Si el jurado no tiene el rigor profesional competente se está engañando a esta sociedad. El político que ha seleccionado a este jurado ha actuado con irresponsabilidad y la mirada de la historia así lo va a entender, pues las obras compradas y seleccionadas no tienen el nivel mínimo para entrar a formar parte de una colección. Las competiciones olímpicas basan su fama en un rigor extremo en todo lo que se hace, en el trato al deportista, en la formación de los distintos jurados, en las instalaciones, etc. Por eso es un evento mundial de gran repercusión social y cultural.
Alguien deberá reflexionar sobre la forma en la que se gestan los jurados artísticos en esta ciudad, y dotarlos de profesionales de solvencia, que los hay y muchos, pues si no lo hacemos estaremos incurriendo en un grave error con la sociedad a la que se sirve. Sabemos cómo se hacen las cosas para que sean honorables para todos. ¿Por qué no las hacemos?
La actriz responderá, en directo, a los lectores con motivo de 'Concha, yo lo que quiero es bailar' en el Teatro Principal.
VIERNES, 20. A las 18:30 h.
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