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EFE
La historia de "Vampir.Cuadecuc", que por fin cobrará vida en España gracias a las salas Verdi de Madrid y Barcelona, es uno de esos periplos históricos con final feliz en los que acaba por sobreponerse el proyecto artístico a la arbitrariedad política.
Pere Portabella, productor en los primeros sesenta de películas como "Los golfos", de Carlos Saura; "El cochecito", de Marco Ferreri, y "Viridiana", de Luis Buñuel, contaba en 1972 con 45 años, un proyecto para hacer un filme sobre la película "El Conde Drácula" de Jess Franco -una suerte de "making off" cuando aún no existía el género- y una cámara de 16 mm, además de un buen dominio del lenguaje cinematográfico y una postura de contundente oposición al régimen franquista.
El resultado fue este "Vampir.Cuadecuc", puro cine de vanguardia al margen de la industria del régimen, en blanco y negro, sin diálogos, con sonido de Carlos Santos creando atmósferas e imágenes cargadas de poética.
"Es un Drácula híbrido, raro, poéticamente más potente que el de Jess pero de una maldad menor. Vampiricé su película e hice una pieza sobre su rodaje, pero que es una película en sí misma", explica a Efe un Portabella "muy contento" ante el estreno español de su filme.
Y es que "Vampir.Cuadecuc" nunca vio la luz en la España franquista, si bien enseguida fue sacado clandestinamente del país y proyectado en Cannes, donde voló directamente hacia la Gran Manzana.
"El MoMA quiso proyectarla también, pero a mí me denegaron el pasaporte y no pude estar, así que mandé una carta que se leyó allí explicando las presiones a las que nos sometía la censura", añade.
Una carta que volvió a ser leída el pasado septiembre en la misma sala del MoMA de entonces, pero esta vez abriendo una retrospectiva que el Museo dedicó al director catalán, que sí pudo estar y que justo presentaba además su último filme, "El silencio antes de Bach", después de 17 años de silencio cinematográfico.
Una retrospectiva en la que pudo verse obras como "Nocturno 29" (1968), "Los Premios Nacionales" (1969), "Umbracle" (1971), "Cantants 72" (1972), "Acció Santos" (1973), "Advocats laboristes" (1973), "El sopar" (1974) o "El Puente de Varsovia", que dirigió en 1989.
Se trata pues de un momento dulce en la trayectoria de Portabella, que asegura estar "satisfecho" con todo su trabajo anterior detrás de la cámara. "Volvería a rodar "Vampir" tal y como lo hice entonces, con un presupuesto ínfimo, un tratamiento radical en la estructura y el lenguaje y muchas ganas de experimentar", comenta.
Un reconocimiento que le llega a Portabella, más que por su éxito comercial, por su valor como exponente de cineasta en perpetua búsqueda de un lenguaje revolucionario -no en vano participó en los movimientos artísticos de vanguardia junto con Tapies, Saura y Chillida-.
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